Opinión: Miedo y violencia, no olvidemos qué detonó el fenómeno

El miedo y la violencia son dos conceptos que se utilizan mucho en el discurso público actualmente. Autoridades y figuras reconocidas los usan para condenar los enfrentamientos que aún se mantienen en las calles del país. Es importante entender que hay detonantes de estos fenómenos sociales; hay que seguir cuestionándonos y ver cómo se origina  por el miedo a cambiar las relaciones sociales de parte de los poderes fácticos, esos que defienden en última instancia con el monopolio de la fuerza y violencia legítima que posee el Estado y lo usan por el miedo a perder sus privilegios.

Por David Ortiz Zepeda

El miedo y la violencia. Dos conceptos que andan en el discurso de tantas personas, y que parecen inmanentes desde principios de año cuando se pensaba marzo. Al mencionar este mes, el tufillo del miedo y la violencia andaban ahí flotando.

“Condenamos la violencia de donde venga” es una frase que se repite mucho. Pero, ¿de dónde viene el miedo y la violencia? ¿Qué tipo de miedo se infunde en la población, qué es lo que hablan quienes tienen cargos en el Gobierno, en el Congreso y en otras magistraturas? Es un miedo bien específico, el miedo a la movilización que ellos dan a entender como el caos.

Iguales / dispares 

La democracia griega era ejercida entre iguales y por tanto podía ser tal. Esos iguales estaban determinados por un diferente, unos diferentes… ¿quienes? pues la mujer, el esclavo y extranjero. Cuando Insulza y Andrés Allamand hablan en el Congreso, cuando un Sergio Bitar manda mensajes por la prensa tal cual lo hizo un Carlos Larraín; hablan entre pares. Ellos son depositarios de una concepción antigua de democracia que también ejercían los romanos. Se puede representar a los sectores populares sin ser del pueblo. Siendo parte de la élite, tomar magistraturas por la “plebe”. Ese por, no necesariamente conlleva un «para (la plebe)».

Mural ubicado en la Calle Ejército con Luis Flores.

El problema para esas élites está cuando esos otros, los desiguales, buscan hacerse parte del orden social reorganizándolo, o al menos manifestándose en contra de la disposición de normas y relaciones de poder.

Ahí las élites entran en miedo. No saben ni cómo relacionarse, ni entender a esas «masas» que tienen derechos solo nominales de acceso al poder político y que deben contentarse con ver una democracia representativa, donde los que realmente ejercen el poder toman las desiciones.

Los estados modernos hablan de la igualdad entre personas. Esto no ha sido nunca efectivo, las mujeres recién pudieron votar en el siglo XX y en el siglo anterior para votar tenías que demostrar tus bienes y tu alta cultura u origen, de lo contrario no podías acceder a ser parte de la administración del estado y las disputas de poder político.

En todo el proceso del estallido social en Chile, grandes grupos de la población ejercen su derecho ciudadano a manifestarse y hacerse parte de las discusiones profundas del sistema. Se rechazan muchos aspectos considerados injustos, desigualdad de condiciones para desarrollar la vida, desigualdad de condiciones para enfrentarse a la legalidad, desigualdad de condiciones por tener cuerpos distintos, por vivir en territorios distintos, por tener un acceso a nuestro propio dinero que es diferente para unos y otros…

Es muy molesto para la élite el ver que hay una gran parte de la población que está dispuesta a debatir y confrontar la manera en que está dispuesto el sistema jurídico y económico del país. Y cómo reacciona ante ello, con miedo y violencia. El estallido social del 19 de octubre sin dudas que fue una explosión de violencia en su sentido literal. ¿Qué hay detrás de esa literalidad que no es tan obvio? La ausencia de canales institucionales, de formas para acceder al fondo del asunto. Por mucha marcha pacífica que se haga no se hacen los cambios efectivos. Solo en algunas materias se logran cambios pacíficamente, y a duras penas, desde un trabajo argumentativo.

Pero cuando no puedes levantar leyes, ni ser un fiscalizador activo del ejercicio burocrático del poder estatal, ni tampoco hay formas alternativas de producción con un marco de posibilidades reales, la posibilidad de que el descontento se convierta en rabia, es sumamente alto, y pienso que eso es un poco lo que pasó el año pasado y se mantiene hasta ahora.

Cuando la discusión y la confrontación se va a la calle, aparece la violencia. ¿Cuál es el principal depositario de violencia física efectiva, de poder material, onda de encerrar cuerpos, mutilar y amedrentar? Pues, el Estado. Y este Estado funcional a un sistema de producción neoliberal el cual hay que defender a toda costa, entonces cuando en los espacios simbólicos se ve acorralado y las instituciones parecen remecerse hay que salir a controlar. Se trata de reducir a un asunto «delincuencial», pero lejos de eso lo que hay es un acosar el poder en sus formas físicas.

El boicot a la PSU por ejemplo, en la práctica es intervernir el único momento en que el sistema de selección universitaria existe físicamente. En un fluir de información, un contacto humano-documento que es la materia física de la prueba. Las señaléticas, los bancos, las AFP… un montón de espacios donde existe el sistema físicamente y que hoy se han bunkerizado.

No podemos esperar una linealidad o una dirección de un fenómeno de rabia que se mueve por las calles. Y ante ese desborde de la autoridad, donde el Estado por sí mismo no emana respeto sino todo lo contrario, y con la histórica ausencia de canales de comunicación,  es que el garrote emerge como la única opción plausible.

Fuerza policial

Allí es donde las fuerzas de “seguridad” actúan y con dureza. La respuesta del Gobierno ha sido súper clara ante las demandas sociales y las manifestaciones: buscar medidas policiales y amenazar con un uso de la fuerza mayor. Cosa que se nota.

Si el año pasado fue una gradualidad en que los enfrentamientos aumentaron, hoy carabineros salió a reprimir con todo. Los videos de un actuar desmedido están aumentando en el país. La ley donde se permite que las fuerzas armadas «cuiden» hospitales, puertos y aeropuertos; que viene a militarizar espacios estratégicos no tiene sentido más allá de marcar un límite físico. En la calle las relaciones de fuerza se hacen evidentes y desde el año pasado se ha profundizado en supliciar los cuerpos de los «molestos».

Es un escenario complejo. Ya hubo una gran concesión de parte de las élites gobernantes para modificar la Constitución cuyo origen era ese mismo miedo y violencia elitista. Donde masacraron a miles de personas y acabaron con violencia extrema un proceso político. Y claro, cuando Chile perdió el miedo, los dueños del país quieren hacerlo volver. 

 

 

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *