La salud de los mineros y el elitista origen del hospital de Copiapó

Durante el siglo XIX en Atacama la sanidad era muy precaria hasta que en 1848 Candelaria Goyonechea,  donó parte de sus terrenos para la construcción del “Establecimiento de Beneficencia”. Esto luego de que Miguel Gallo (su marido) muriera de una afección de salud que no pudo ser atendida en ningún recinto, develando la necesidad de un recinto hospitalario. 

Por Víctor Munita Fritis 

Copiapó, era una ciudad con una alta producción económica en donde se desarrollaba la exportación, la compra y venta de minerales de cobre, plata y oro.

Había una gestión económica de 453.233 marcos de plata, 104 toneladas de esta, alcanzando además el segundo lugar mundial como exportadores de oro, con $858 mil pesos y 24 kgs.

El historiador Sergio Villalobos, comenta que el patrimonio de la familia Gallo-Goyenechea ascendía a $1.379.288 mil y que en esta cifra no estaba incluida la mitad de la la mina La Descubridora, la mitad del yacimiento San José y las 9 1/2 barras de la mina Guanaquita; añade que tampoco estaban incorporados los bienes en tierra, servicios, propiedades, las sumas adeudadas a la sucesión, lo que aumentaba significativamente la riqueza total.

Sin embargo, en medio de tanta opulencia minera, no había un lugar  destinado a la atención médica pública y solo tenían acceso a doctores privados, quienes poseían los recursos suficientes; aunque las distancias y los medios de transporte de la época, impedían salvar la vida aunque esta correspondiese a alguien de fortuna.

El explorador, astrónomo, oficial de marina y fundador del Observatorio Naval de E.E.U.U., James Melville Gilliss, en sus notas tomadas en 1851 en la expedición “U.S naval astronomical expedition” la que realizó a las minas de Chañarcillo, describió de esta manera el estado de salud de los trabajadores  y la falta de médicos en la zona:

“Por lo general son hombres fuertes y atléticos, con hombros más anchos, pecho más profundo y extremidades más musculosas que los que se dedican a la agricultura. Sin embargo, aunque todos ellos parecen gozar de la mejor salud, rara vez se sabe que uno viva más de cincuenta años. Hay casos de mineros de setenta años, pero son extremadamente raros. Los apires son hombres jóvenes cuyas facultades están escasamente desarrolladas(…)

Es doloroso presenciar a uno de estos compañeros semidesnudos salir de la mina bajo semejante carga. Con los rasgos deformados, los ojos saliendo, la transpiración goteando de cada músculo tenso, a medida que llega tambaleándose al aire fresco, una respiración aguda y profunda penetra hasta la médula y dice más por la fuerza que todo el esfuerzo corporal. (…) Además de ser de corta vida, también se ha observado que tienen menos hijos que sus compatriotas dedicados a otras actividades -un hecho no atribuible a infidelidad o causas análogas, pero más probablemente atribuible a la influencia del aire impuro en sus sistemas y a la fatiga del cuerpo cuando salen de las minas al expirar sus períodos de trabajo.”

Hospital San José del Carmen

Candelaria Goyonechea.

Treinta y seis meses antes a los escritos del explorador norteamericano, doña Candelaria Goyenechea de Gallo[1]en el año 1848 (madre Pedro León Gallo), donó parte de sus terrenos para la construcción del “Establecimiento de Beneficencia” lo que hoy se conoce como hospital  “San José del Cármen” en la antigua “Calle del Cura”, actualmente Avenida Los Carrera.

La donación de los terrenos y construcción del “Establecimiento de Beneficencia” no tendría su origen sin la muertede su esposo Miguel Gallo Vergara el 8 de marzo de 1842 o 1843, a causa de un ataque cardíaco en las minas de Chañarcillo, no tuvo los auxilios correspondientes y fue imposible llegar con su cuerpo doliente a Copiapó, por lo tanto decidió que se debía contar con un recinto especializado y cercano.

Durante 20 años de existencia del Establecimiento, este no atendía a todos los habitantes de Copiapó; existía una evidente falta de personal e insumos, además no se contaba con el equipamiento e infraestructura para ciertas condiciones de los enfermos.

J.M. Gilliss, expone sobre el servicio médico a los mineros:

“Cuando se enferman, los que no valen nada o son indiferentes son dados de baja inmediatamente, el fiel obrero sólo es retenido en los salarios, y la comida hasta que pueda retomar su trabajo. Médicos o cirujanos no hay ninguno, y el único conocimiento del arte curativo es lo que los administradores pueden adquirir por experiencia, y es poseído por los médicos que pueden ser encontrados acerca de cada lugar habitado.”

Se atendía de manera humanitaria algunas urgencias, como la de los heridos en los conflictos sociales de 1851 y los que regresaron de la revolución de 1859; ya que fue hasta 1869 qué se construyó el Hospicio General para albergar a mineros enfermos y adultos mayores. Se acogió a los veteranos de la Guerra del Pacífico, pero de mujeres y niños no se tiene antecedentes.

En 1922 el hospicio resultó destruido por el terremoto y un año más tarde el filántropo copiapino Carlos
Van Buren Vallejo[2], colaboró con la edificación del nuevo hospital el que llevó el nombre de “San José del Carmen”.

El hospital padeció en 1965 un nuevo acontecimiento, un  incendio lo aniquiló, y tres años más tarde el presidente Eduardo Frei Montalva anunció la construcción de un nuevo hospital el que fue inaugurado en su primera etapa por Salvador Allende Gossen en 1971 y la segunda en 1974.

Veintiún años más tarde, se inaguró la tercera parte del hospital y el 2007 se proyectó la construcción de las etapas de hospitalización, urgencia, Salud Mental, escuela, entre otras instalaciones que conocemos hasta el día de hoy.

[1]Candelaria Goyenechea de la Sierra y Mercado de Gallo: nació en febrero de 1795. Siendo muy joven contrajo matrimonio con Miguel Gallo Vergara. Por varios años trabajó impulsando con su fortuna la minería y el comercio de Atacama, convirtiéndose en la mujer más acaudala del país en el siglo XIX. Ayudó con su fortuna a su hijo Pedro León Gallo, caudillo de la revolución constituyente a financiar la revolución de 1859. En 1879 ayudó a los soldados regionales que lucharon en la guerra contra Perú y Bolivia, desarrolló numerosas obras sociales. Falleció en 1884.

[2]Carlos Van Buren Vallejo: Nació en Copiapó en 1868, hijo de uno de los constructores del Ferrocarril Juan Melitón Van Buren  y de Damiana Vallejo Ossandón. Estudió  en el Liceo de Copiapó, ciudad que, en esa época, era el centro de riquezas mineras. Fue enviado al Colegio británico The Mackay School de Valparaíso. Fundó el cuerpo de Bomberos, la Sociedad Beneficencia y la Sociedad de Instrucción Primaria. El 25 de Junio de 1907, ingresa al servicio del Hospital San Juan de Dios el Señor Carlos Van Buren con el cargo de Sub-Administrador y en 1911 asume la administración del hospital, cargo que desempeña hasta el 12 de septiembre de 1921, fecha en que abandona la administración del hospital, posteriormente fue electo alcalde de Valparaíso.

Un comentario

  1. Muy buena reseña histórica del hospital, fui funcionario en el, como paramédico, desde el año 1973, tengo muy lindos recuerdos y conocí excelentes personas, colegas, enfermeras y médicos

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