Cinco años de los aluviones del 25 M, ¿hemos avanzado en algo?

En la siguiente crónica se repasan varios de los aspectos científicos y sociales del los aluviones que afectaron a la Región de Atacama durante marzo del 2015. A 5 años del 25 M, queremos invitar a reflexionar sobre este acontecimiento y en este artículo el geólogo Miguel Cáceres nos pregunta ¿Hemos avanzado en algo?

Por Miguel Cáceres Munizaga – Geólogo

Lo sucedido entre el 24 al 26 de marzo del 2015 seguramente es la mayor de las catástrofes ocurridas en Atacama en casi un siglo, solo superada por el terremoto de 1922. Las precipitaciones que afectaron a toda la región en ese lapso de tiempo provocaron descomunales aluviones que bajaron desde diversas quebradas a lo largo de los valles transversales de la región y cobraron la vida de decenas de personas y una vasta destrucción de infraestructura pública y privada.

Pero cumplidos 5 años desde esa tragedia debemos preguntarnos, ¿estamos mejor preparados?, ¿las obras de mitigación se terminaron?, ¿estas fueron diseñadas y funcionan correctamente? 

El segundo aluvión en 2017 ya evidenciaba algo, mientras que el de enero del 2020 en Chañaral solo confirmó un lúgubre panorama.

Pronóstico de lluvia, manifestación por el agua y la alegría del regreso del rio

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La semana antes del 25M, varios portales meteorológicos internacionales coincidían en que en Copiapó y la región llovería. Unos muy conservadores y otros agresivos; la Dirección Meteorológica de Chile no se quedaba atrás e indicaba timoratamente “nublado y chubascos” desde el 24 al 26 de marzo (Foto. 1). Una breve nota en el Diario de Atacama del 20 de marzo también destacaba la probabilidad de precipitaciones, aunque se mencionaban que la confirmación vendría el domingo 22. Casualmente, la Coordinadora por la Defensa del Agua de Atacama, había organizado para esa fecha una caminata familiar para visibilizar la crisis hídrica de la región y el país, que, además, coincidía con el Dia Mundial del Agua. Cerca de 700 personas llegaron al parque Schneider y caminaron por avenida Copayapu hacia el Kaukari, en un caluroso y despejado día, allí, los esperaba el cauce seco del río, que claramente mostraba el punto de la agrupación.

Pronósticos del tiempo para la semana del 23 de marzo. Izquierda: portal yr.no; Derecha: Dirección General Meteorológica de Chile.

 

El martes 24 del 2015, la ONEMI declaró alerta temprana por la llegada de un núcleo frío que dejaría entre 10 a 20 mm de agua caída en los valles y nevazones en sectores cordilleranos, aunque nadie especificaba sobre que altura, la que sería uno de los factores que desencadenaría la tragedia. Durante la madrugada de aquel día, una inusual tormenta eléctrica acompañada de precipitaciones afectó a Copiapó y otras ciudades de la región. Ya al medio día de esa misma jornada, abundante agua comenzaba a llegar a la quebrada Paipote proveniente de los sectores cordilleranos y pobladores se acercaban a la orilla de la defensa, donde ya se observaba basura que se comenzaba a acumular en el puente y que luego se convertiría en otro detonante del desastre (Foto. 2). Un poco más tarde, a eso de las 18:00, el rio Copiapó reaparecía en gloria y majestad en el sector de entrepuentes de la capital regional (Foto. 3), trayendo alegría a la asombrada población copiapina que se acercó en masa a ver el retorno de la arteria del valle, fenómeno que había ocurrido de forma efímera en julio del 2011; parecía que los bailes folclóricos, plegarias, cánticos y carteles que se vieron el domingo pasado habían surtido efecto.

Foto 2. Puente en Paipote donde cerca del medio día ya se observaba lo que sería uno de los mayores contribuyentes al desastre, la estrechez y altitud del puente y la acumulación de basura traída desde un cauce seco por años. (24 de marzo del 2015, 13:05)

 

Foto 3. Momento de la llegada del agua al puente de calle Maipú y gente observando el espectáculo (24 de marzo del 2015, 18:30 hrs)

 

El 25M

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Peor fue el escenario que ocurrió en la comuna de Alto del Carmen, donde varias quebradas bajaron destruyendo 6 casas y dejando 24 personas damnificadas. Durante el día se activaron distintas organizaciones gubernamentales para dar ayuda a aquellos que habían tenido problemas a lo largo de la región.

El anochecer del 24 se encontraba parcialmente nublado, se veían las estrellas en varios sectores y a pesar de los pronósticos adversos (sobre 20 mm), muchos pensaron que la lluvia había pasado, sin embargo, cerca de la media noche el cielo se encapotó y una nueva tormenta eléctrica e intensa lluvia comenzó a azotar toda la región provocado el colapso de los cauces tanto de la quebrada Paipote y del rio Copiapó a eso de las 4 am.

Con las primeras luces de 25 de marzo, la algarabía por el regreso del rio cambió por amargura, rabia y dolor. Paipote y parte del pueblo San Fernando habían sido arrasados por el aluvión; un 72% del área urbana de Copiapó resultó anegada. En la intersección de la quebrada Paipote y el rio Copiapó, la inundación alcanzó 3.8 m por sobre el suelo, incluso en algunas poblaciones más de 2 m de fango se acumularon y muchas casas de dos pisos vieron su planta baja colmatada de barro.

En varias localidades valle arriba, como Los Loros, San Antonio y otras, la bajada de las quebradas desde los escarpados flancos de los cerros que las rodean, causaron un sinnúmero de estragos.

El parque Kaukari, el mall (Foto. 4) y el sector de la alameda, en especial calles Viel y Las Heras, sufrieron una gran inundación producto de algunas obras ingenieriles hechas a la ligera y, probablemente, por afuerinos que desestimaron que el mustio río Copiapó podía volver con fuerza como sucedió en 1997. Esto, se sumaba a que la calle Los Carrera, convertido ahora en un furioso torrente, causó anegamientos significativos y destrucción de casas a lo largo de toda su extensión, terminando en la alameda donde el flujo de barro entró violentamente al hogar de la familia Salinas llevando todo a su paso, siguiendo su camino hacia la estación de ferrocarriles lugar en que se unía con lo que venía descendiendo por Juan Martínez, ese flujo continuaba por la ruta 5 hasta incluso la Copec, en las afueras de la ciudad.

Fotografía 4. Desborde del rio Copiapó a la altura del mall y puente de calle Maipú que actuó como un dique al verse sobrepasado por el flujo de agua. (25 de marzo del 2015, 15:05)

 

No obstante, los mayores perjuicios se los llevaron las ciudades y pueblos de la provincia de Chañaral a lo largo del valle del Río Salado. Diego de Almagro, El Salado y Chañaral, bautizada como “sitio cero” por la prensa, vieron que la rápida bajada del agua provocó devastación total, dejando una cicatriz que partió las ciudades y cortó por mucho tiempo el país en dos, además de cambiar significativamente el relieve costero de la capital provincial.

31 fallecidos, 16 desaparecidos, más de 10.000 damnificados y millonarias pérdidas económicas fue el saldo de este fenómeno climático en la región.

La historia se repite

Este común adagio indica que eventos del pasado pueden volver a ocurrir, tal vez no en patrones definidos, pero con cierta ciclicidad. Estos no solo son episodios históricos, sino que también climáticos y/o geológicos.

Cumplido un año del 25M, las autoridades de la época mencionaban que el avance en la reconstrucción era de un 21%, traducido en despeje de cauces, retiro de sedimentos, encausamiento y obras de defensa fluvial. El intendente de turno, don Miguel Vargas Correa, señalaba que se invertirían más de 64 mil 905 millones de pesos y que para finales del 2016, el 100% de las casas estarían reparadas o construidas en sitio propio, mientras que para el 2017, la edificación de viviendas en nuevos terrenos (fuera de zona de inundación). El 2015 fue utilizado por la dirección de Obras Hidráulicas para estudios ingenieriles, cuyos diseños serían entregados a fines del 2016.  Lógicamente, la población en general y en especial aquellos que lo perdieron todo encontraban de una enorme lentitud todo y algunas demandas contra el Estado era puestas en tribunales, como la de los vecinos del sector Los Pintores.

A los dos años del aluvión del 2015, las portadas de los diarios aun destacaban el evento, mostrando la parte más humana de la tragedia, a aquellos que aun vivían en campamentos en Copiapó y Chañaral. También se recalcaba el avance en la reconstrucción, como el 50% de avance en el estadio Luis Valenzuela Hermosilla o el 65% de progreso en las obras de infraestructura en establecimientos educacionales, entre otros.

Nuevamente, don Miguel Vargas se jactaba de estar orgulloso del avance del Plan de Reconstrucción Atacama, el que había sido comenzado a ejecutarse en noviembre del 2015 y que a 16 meses de su implementación ya iba en un 41%, es decir, escaso 20% más de lo que en 2016 esa misma autoridad estipuló. Las personas tenían razón, la cosa estaba lenta, pero, ¿eran las medidas de mitigación las adecuadas?. La Cámara de Construcción reconocía un avance, sin embargo, apuntaban a mejorar las medidas de mitigación y optimar la infraestructura y planificación de las ciudades. Por otro lado, el geógrafo Pablo Osses (UC), había mencionado que la opción para Chañaral era re-edificar hacia arriba; crecer en densidad y no en distancia, sin embargo, a dos años del 25M, el mismo experto hacía notar que se había retomado la construcción y actividades en la misma zona de inundación, ¿dónde estaba el aprendizaje?.

A las 23:00 del 12 de mayo del 2017 las sirenas se volvieron a escuchar en Chañaral, el recuerdo del 25M se hizo presente en todos. Sin embargo, al violento flujo del rio Salado en esta ciudad se le agregó la bajada de dos quebradas que hacía tiempo no lo hacían, las de Conchuela y Cabrito, la cicatriz que comenzaba a sanar nuevamente se abrió. En Copiapó el agua y barro se volvieron a apoderar de las calles y nuevamente Paipote, el sector del mall y las calles Viel y Las Heras fueron las zonas más afectados al desbordarse las aguas producto de obras ingenieriles realizadas a la ligera y otras que ya se sabían eran una piedra de tope (Foto. 5)

Fotografía 5. Vista al sur desde el puente del acceso norte del mall (derribado luego de este evento) mostrando la cantidad de agua que venía al amanecer del día 13. (13 de mayo del 2017, 9:26)

Finalmente, el 15 de enero del 2020 el intendente Patricio Urquieta y una comitiva gubernamental revisaban las obras de mitigación en Chañaral, Diego de Almagro y El Salado, en palabras de este mismo Estas obras nos permiten estar mejor preparados ante algún evento de la naturaleza y, sobre todo, darle más tranquilidad a las familias que han vivido una experiencia tan dolorosa como fueron los aluviones del 2015 y 2017”. Sin embargo, el 27 y 28 de enero del 2020 otro frente causó estragos en los sectores cordilleranos de la región de Atacama, El Tránsito y alrededores resultaron fuertemente afectados por aluviones y nuevamente Chañaral vio descender el río Salado, el que se desbordó prácticamente en el mismo sitio donde lo hizo el 2015 y 2017, los habitantes a lo largo del rio Salado no tuvieron la tranquilidad prometida por la autoridad. La herida no logra sanar.

Reflexiones

Parece majadero decir que la construcción de obras de mitigación ha sido lenta y de un diseño cuestionable. El último desborde del río Salado nuevamente provocó la inundación de la parte baja de Chañaral y la interrupción del tránsito por varias horas. Si bien no generó grandes daños, la lluvia fue bastante modesta en comparación a las del 2017 o 2015, entonces ¿Qué hubiese pasado si cae la misma cantidad que en esas ocasiones?, obviamente las medidas de mitigación actualmente instaladas tienen un gran problema, hay un error en su diseño como se puede apreciar claramente en la fotografía 6.

Fotografía 6. Curso inferior del rio Salado en Chañaral mostrando la zona donde se produjo la inundación hacia ambos costados. Se observa la construcción de defensas, el encausamiento del lecho y el ensanche realizado, lo que no fue replicado en el puente, el que finalmente actuó como una represa. (Tomada de www. https://www.facebook.com/dron.castillo.1)

Fotografía 6. Curso inferior del rio Salado en Chañaral mostrando la zona donde se produjo la inundación hacia ambos costados. Se observa la construcción de defensas, el encausamiento del lecho y el ensanche realizado, lo que no fue replicado en el puente, el que finalmente actuó como una represa. (Tomada de www. https://www.facebook.com/dron.castillo.1)

En Copiapó, el punto crítico es frente al mall y la curva que esta inmediatamente al norte, mientras que, en Paipote, la zona de la curva y el puente de avenida Copayapu. En ambos lugares se han ido ejecutando diferentes labores para reducir la curvatura, se han construido defensas, encausado los márgenes y profundizado el lecho. Lamentablemente para aquellos que en ocasiones anteriores han sufrido los embates, estas obras de mitigación deberán ser puestas a prueba en el siguiente evento climático extremo y, si nos basamos en lo sucedido en Chañaral, serias dudas aparecen respecto de su efectividad.

Hemos avanzado?, por supuesto que sí, la comunidad ahora está más alerta y tiene un mayor conocimiento acerca de estos eventos. Organizaciones como la ONEMI también han mejorado en sus protocolos y hasta simulacros de aluviones se están ejecutando. Esto que tiene relación con la prevención es fundamental, pero también lo es la mantención. ¿Cuál es el estatus de las piscinas decantadoras y de sus canales de evacuación en las distintas ciudades de la región?, ¿que tan limpio están los cauces del rio Copiapó, de la quebrada Paipote y otras?, ¿que tal por el río Salado? ¿hay un plan de visita de quebradas y de limpieza de quebradas?

Urgente se hace el incorporar en la planificación urbana de las ciudades de la región mapas de riesgos de peligrosidad que en conjunto de análisis de vulnerabilidad permitan dimensionar el riesgo de inundación de las urbes.

Por cierto, el 95% de Copiapó esta propenso a inundaciones o aluviones. Pero tan importante como confeccionar estos mapas es hacerlos llegar a la población, simplificar los tecnicismos para que todos puedan entender claramente.

Planos, informes, reportes y comunicados no tienen que quedar en alguna gabeta, cardex o en la bandeja de entrada de correo electrónico, deben ser de público conocimiento y disponibilidad. Los mismos planos que pomposamente se presentan cuando se inaugura el inicio de una obra de mitigación y las autoridades se sacan fotos que suben a RRSS para autocomplacencia, debiesen estar disponibles fácilmente para todos.

Finalmente, nuevamente se hace necesario mirar al pasado, tanto el histórico como el geológico, que muestran acontecimientos anteriores y sus características. El 25M expuso que no estábamos preparados, el aluvión del 2017 nos enseñó la lentitud e indiferencia con que se estaban haciendo las obras, mientras que el del 2020 que los diseños estas parecen no ser tan adecuados como cuando se les ve en papel (al menos en Chañaral).

Los últimos tres eventos nos mostraron la fragilidad de nuestras obras ingenieriles y pusieron en jaque los planes de respuesta ante estas emergencias.  Teniendo en cuenta que los habitantes de una zona tienen un fuerte arraigo y están dispuestos a sufrir embates de la naturaleza antes de cambiar de sitio, el gobierno debe dar la seguridad de que las obras son las adecuadas, transmitiendo tranquilidad a la comunidad, la que por el recuerdo de situaciones anteriores pasará la noche en vela, pero al menos, con el interior de sus hogares secos.

En un planeta cuyo régimen atmosférico está cambiando y los eventos climáticos son más severos, un evento como el 25M volverá a ocurrir en los próximos años. Esperemos que para cuando sucedan las obras de mitigación y la población estén mejor preparadas.

La fotografía de abajo, tomada desde el puente Kennedy, muestra la magnitud del agua en uno de los peak que tuvo el flujo del rio Copiapó el 25 de marzo, aunque no el mayor. ¿Podrán las nuevas obras que se están haciendo contener toda esta cantidad de agua? Saque ud. sus conclusiones (25 de marzo del 2015, 14:50).

 

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