COVID-19: Victimización infantil y juvenil durante el confinamiento

En el siguiente artículo, la psicóloga  copiapina Elizabeth Suárez nos comparte varios de los aspectos a considerar en la cuarentena con el grupo de niñas, niños y adolescentes que deben estar confinados. Realidades como la violencia hacia la infancia se acentúan, así como fenónemos derivados del encierro y la falta de espacios recreativos.  

Por Elizabeth Suárez Psicóloga, Investigadora Predoctoral Universidad de Barcelona Grup de Recerca en Victimització Infantil i Adolescent (GReVIA)

Nuestro hogar debería ser el lugar más seguro para un niño, niña y adolescente, especialmente en estos días en el que se les recomienda que se queden en casa para hacer frente al coronavirus. Sin embargo, el confinamiento puede agravar los casos de violencia al interior de las casas, en un país en el que, de acuerdo a cifras oficiales, en el año 2018, fueron 37.385 los menores de 18 años que vieron vulnerados sus derechos, de ellos, 5.770 fueron víctimas de abuso sexual y/o violación, según los datos entregados por la Subsecretaria de Prevención del Delito de Chile.

No cabe duda que, frente a una crisis como esta, inédita en nuestra historia, las medidas adoptadas traen consigo algunos inconvenientes. Por ello, es necesario reconocer los posibles efectos de la situación nueva en la que nos encontramos, para así poder mitigar su impacto. Es necesario destacar que este artículo no pretende cuestionar las leyes y recomendaciones establecidas por las autoridades hasta el momento, sino invitar a la reflexión e introducir mejoras en las prácticas individuales y colectivas.

Organizaciones internacionales como Save the Children insisten en la necesidad de proteger a la infancia, y han destacado que este confinamiento puede tener tres efectos centrales para las familias más vulnerables. En primer lugar, la interrupción del proceso educativo (que no es compensable porque muchas familias no disponen de computador o conexión online), segundo, la pérdida de la garantía de una alimentación adecuada,  y tercero el aumento de la violencia ejercida a niños, niñas y adolescentes precipitado por el estrés que producen los espacios reducidos y en algunos casos situaciones de hacinamiento.

Por consiguiente, es relevante destacar que mientras puede ser normal entre la población que la frustración por el confinamiento vaya en aumento, otras personas pueden  convertir esta frustración en agresividad y volcarla hacia personas de su entorno inmediato, una situación especialmente peligrosa cuando se convive con niños y niñas. Pero además influye otro factor, el espacio físico. Si bien la evidencia empírica nos indica que no existen notables diferencias respecto a la violencia que sufren los menores de acuerdo a su nivel socioeconómico, el hecho de que quien menos recursos tiene vive en casas más pequeñas puede contribuir a que la tensión crezca y  se dé una invasión del espacio vital, pudiendo generar que las personas se muestren más violentas. Por lo cual, con todos estos factores de riesgo asociados a la violencia interpersonal, es esperable que ocurra un aumento de estos eventos. Por citar un ejemplo, podemos analizar el caso de España que lleva un tiempo superior de confinamiento en comparación con Chile, se ha visto un aumento de los casos de malos tratos a la infancia y adolescencia, porcentajes muy preocupantes, junto a un aumento en la violencia de género, que también repercute directamente en niños y niñas. De acuerdo a la Fundación ANAR de ayuda a niños y adolescentes en España, esta última semana se han detectado 173 casos graves de violencia a menores. Cifras que nos pueden servir de referencia.

Violencia fuera del hogar y víctimas sexuales

Otro de los aspectos a destacar, es que el hecho de tener que quedarse en casa no está contribuyendo a reducir la violencia fuera del hogar, sobre todo la ejercida a través de internet, se ha observado un aumento delacoso a través de las redes sociales en los países que han implementado el confinamiento. Conviene recordar que más tiempo en internet implica más exposición online y, por lo tanto, mayor riesgo de victimización si no se toman las medidas adecuadas. En este caso se debe mejorar la supervisión en el acceso a los contenidos online con medidas sencillas, como por ejemplo, mantener los computadores de acceso en lugares visibles del hogar o establecer horarios de acceso en los que las personas adultas puedan mantenerse próximas y atentas. Un elemento fácil de incorporar es el hábito de preguntar a los niños, niñas y adolescentes por su vida online, preguntando por el tipo de contenidos que ha consultado. El hecho de introducir conversaciones de estas características puede favorecer a la creación de un espacio de confianza y servir para detectar situaciones de riesgo en las que el niño, niña o adolescente pueda estar siendo víctima o ejerciendo algún tipo de conducta abusiva.

Por otra parte, la victimización sexual en la infancia y adolescencia se puede producir por primera vez en una situación de confinamiento. Pero también hay realidades con historias o antecedentes previos de este tipo de violencia y, por lo tanto, existe un riesgo potencial de reiteración de los abusos y/o malos tratos. Entre tanto, en el confinamiento, posiblemente víctima y agresor estén conviviendo en un mismo espacio o se encuentren confinados bajo un mismo techo. Se debe tener presente que un 80% de la victimización sexual infantil sucede en el entorno próximo del niño, niña o adolescente. Así como también se puede agudizar la victimización por parte de los principales cuidadores del niño o niña, como por ejemplo, puede verse un aumento en el maltrato físico y/o psicológico. Por lo cual, debemos evaluar cuál es la situación en la que nos encontramos, cuáles son los riesgos y cómo podemos reducirlos. Para reducirlo, hay que hacer una prevención específica, en algunos casos, quizás convenga organizar un cambio de domicilio del niño o niña durante el confinamiento siempre que sea posible, si hace falta con la ayuda de las autoridades policiales, sanitarias y sociales, en este punto, es importante la notificación por parte de la comunidad o quienes sean testigos directos e indirectos de estos eventos.

Para todas aquellas personas que se encuentren en esta situación, es imprescindible que cuenten con la información necesaria y conviene pedir ayuda a entidades especializadas o a instituciones públicas que puedan apoyar y ayudar. En todos los casos convendrá mantener en un lugar visible los teléfonos de emergencias y de atención a la infancia.

También es importante que los adultos se responsabilicen de este riesgo y llame a los servicios que les pueden ayudar para prevenir cualquier acto que pueda dañar un niño, niña o adolescente.

Recursos disponibles:

Teléfono 900 20 20 10.

Fono Niños 147está disponible las 24 horas. Confidencial y gratuito.

Fono infancia800200818brinda apoyo psicológico gratuito para la crianza. Llama o chatea de lunes a viernes de 8:30 a 19:00 hrs. Fundación Integra.

Llame al 800 730 800.Horario de atención: de lunes a viernes, de 9:00 a 18:00 horas.  El servicio está disponible durante todo el año en el sitio web de la institución, OIRS del SENAME y en el Fono denuncia (horario de atención: de lunes a viernes desde las 9:00 hasta las 18:00 horas).

*Elizabeth Suárez Soto psicóloga, máster en psicología, mención clínica infanto juvenil. Posgrado de especialización en pruebas psicológicas para niños y adolescentes. Diplomado en Gestión de políticas sociales. Candidata a doctora en Cerebro, Cognición y Conducta por la Universidad de Barcelona, España. Además es miembro activo del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la misma Universidad.

Contacto:

mail: ps.elizabethsuarez@gmail.com

www.linkedin.com/in/elizabeth-suárez-soto

https://orcid.org/0000-0001-7599-0078

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