Opinión: Control, datos… ¿Fábrica de idiotas? Algunas notas sobre los mapas de contagio

En la siguiente columna se hace un repaso a la polémica revelación del medio de comunicación Interferencia.cl que mostró los mapas de contagios en Chile. Cifras desconocidas y que reabren el cuestionamiento del uso de los datos personales. Aquí una columna que ayuda a profundizar la crítica a las reacciones sobre este hecho y otras dimensiones donde el big data funciona y que pasan sin pena ni gloria en la discusión pública. 

Por Ala Mhigo, desde la deep web. 

«En este lugar Chile fabrica sus propios imbéciles. Lo que empezó como un negocio familiar y doméstico hoy se ha convertido en uno de los más espectaculares negocios de la actualidad (Plan Z)»[Al final del texto está el video].

Durante estos últimos días no he visto muchas noticias, he estado tremendamente ocupado terminado una serie de ensayos que tenía pendientes, me gané el acceso de un juego online y tengo una lista de animes que debo ver. De todas maneras, no falta el amigo que te dice “oh… ¿cachaste esta noticia?”, y te manda un link, esta vez es de una página llamada “interferencia” que según mi entendido es algo así como CIPER, pero con menos premios.

Aquí la publicación de Interferencia: Exclusivo: Estos son los mapas de contagio de Covid-19 que Mañalich mantiene en secreto

Recuerdo que le puse especial atención a Chillán -ya que tengo parientes ahí- y con mi escasa habilidad espacial intenté descifrar si el cuadrante dónde viven mis tíos tenía algún contagiado. En ese momento inmediatamente pensé “uff pero si yo viviese en esta ciudad probablemente sería un psicópata, quizás la mejor opción hubiese sido presentar el mapa con zonas de calor en vez de puntos tan evidentes para que los imbéciles de siempre no se les ocurra quemar viva a la gente infectada como en Vallenar”.

Después de esa digresión leí la noticia, porque claro, uno que se educó con pantallas siempre mira los dibujitos y luego el texto, me entero de toda la metodología aplicada para resguardar la privacidad de las personas, modificar 100 o 50 metros de manera aleatoria, en dirección aleatoria, omitir las casas que fuesen fácilmente identificables, disminuir la densidad en caso de ser focos extremadamente evidentes, etc. Entonces me digo “con eso debe bastar, además los mapas parecen niño con varicela, ni la más capacitada masa de idiotas tendría las facultades operativas para atacar tantos hogares, con estos niveles de personas infectadas, antes se nos acabaría la bencina y los encendedores del país”.

Pero claro, como suele pasar en este tipo de situaciones el idiota siempre es uno, que cada vez que piensa que no se puede decepcionar del resto de seres humanos, siempre pasa algo para sorprenderte. Y bueno, quedarse con el titular, los dibujitos es motivo suficiente para escribir twitteos rabiosos contra interferencia no debieran de sorprenderme. No leer la noticia y redactar un comunicado público como geógrafos de Chile, que instituciones académicas no lean no debiera sorprenderme. Con el “no leer” me refiero tanto a los sujetos que efectivamente no leyeron, como a los que, leyendo prefieren buscar la interpretación que les acomoda a su aparato conceptual binario basado en “esto es bueno, esto es malo”.

A esta altura de la vida no es necesario hablar sobre teoría del color ni de escalas de grises, pero ¿cómo se puede ser tan camotero?. Frente a este ataque de “fuego amigo”, el medio de prensa sacó un comunicado poco oportuno tildando de “superiores morales”, en inglés  snowflakes, y en spanglish millennials llorones, a quienes se sintieron ofendidos por el mapa de contagio.

Revisa la declaración de Interferencia aquí 

Dentro de los más ofuscados se encuentran varios amigos míos, pero bueno, es gente que lleva estudiando el tema de privacidad durante años. Son de esos que no te dan el rut en ninguna tienda aunque los torturen (yo como mal hijo doy el de mi mami para evitar esos  problemas, cencosud y quizás que otras empresas,  la deben tener como una alcohólica, adicta a la tecnología, y el maruchan). Son de esos que niegan a visitar personas si el conserje comete el acto ilegal de solicitarle su identificación.

En este punto debería decir algo como “y uno de mis amigos me llama enojado diciéndome que me espera en el bar de la esquina dónde vamos a conversar sobre el mapa de contagio que publicó interferencia, y que vivimos en 1984, el mundo es una cárcel y todo ese consumo de heroína foucaultiana que se inyectan a partir de un par de cursos los estudiantes de facultades de humanidades”, pero los bares están cerrados y mi amigo vive bastante lejos de mi casa. Entre mi paranoia con el otro, y la paranoia de mis vecinos de piso frente las visitas (deberían haber visto las miradas de las ventanas del edificio que tengo justo al frente cuando mi roomie invitó a su madre a comer pizza) es mejor que este encuentro nunca hubiese pasado.

Me da la impresión que comparto varias de mis conversaciones con veganos de la privacidad, usan Protonmail en vez de Gmail, Signal sobre WhatsApp, Matrix sobre Discord, Minds sobre Facebook, sistemas operativos basados en linux respecto cualquier otra cosa. Ya que en palabras de don Richard Stallman “si no conocemos el código fuente de los programas que utilizamos es porque tienen funcionalidades malévolas”, en otras palabras, si no conocemos el código no podemos saber hasta qué punto aquel programa extrae ese valioso petróleo contemporáneo llamado “datos personales”.

Privacidad en tiempos del big data

Por mi parte me considero un demócrata cristiano de la privacidad, o algo así, como un pescetariano de la privacidad. Una visión que adjetivada así suena mal por donde se le mire, pero me gusta ver las fáctibilidad de estos asuntos. No me molesta usar Facebook, ni ninguna aplicación de software privativo, pero entiendo bien a qué me arriesgo al consumirlas. Básicamente soy un fumador que elige tener cáncer y por lo tanto sigue fumando cigarros pero lo más light posibles, porque siendo honesto, me produce bastante placer el “echar humo”.

Sin embargo, no necesito ninguna estadística para decir que el “fuego amigo” que ha recibido interferencia en estos días es producido por gente que se fuma habanos cubanos para la hora de almuerzo, y durante el día por lo menos, dos cajetillas de cigarros sin filtro. ¿Desde cuándo les ha importado la privacidad de datos?, no he visto a nadie reclamar -salvo a mis amigos- porque los pases escolares contienen tu rut mal encriptado, y con eso se puede trazar dónde estudia y saber más o menos dónde vive (con un error de más o menos 50 y 100 metros), no conozco a nadie que mande nudes con eliminación de meta-datay por sistemas de comunicación encriptada, no he visto a nadie darle jugo a un conserje por que te pide el rut para ir a ver un amigo, no he visto a nadie dar color al regalar el rut para acceder a descuentos.

Durante estos días hemos visto como los ojos de los patrulleros de internet han encontrado un anzuelo más para ponerse entre los párpados y la frente, todo  para no pestañear frente a las grandes injusticias de este mundo. Quizás que cosas más se digan a partir de ahora respecto a la privacidad, ya veo el tiempo que me va a tomar ir a la farmacia para comprarme mis ansiolíticos del mes porque un “compa” no quiere dar su rut (porque no puede usar un generador aleatorio) para comprarse un tapsin.

Datos, datos, datos

Para ir cerrando el boliche me gustaría comentarles que los momentos de crisis es cuando los devenires fascistas conmueven más fácilmente a las masas, los totalitarismos se mantienen a partir del secreto, del poder centralizado, Mañalich con el dolor de la izquierda, si hubiese sido un poco más estricto con la semana Santa de los Santiaguinos les juro que exonerada de todo pecado el gobierno de Piñera (obviamente no para el rojerío, pero sí a la mayoría de la población, esa que pasó de votar a la Bea Sanchez en primera a Piñera en segunda).

Estimado lector, ¿qué debo decirle para convencerlo que la liberación de este tipo de data democratiza del ejercicio del poder, le da facultades de acción a Alcaldes, expertos y estudiantes? Quizás se pudo haber hecho mejor, y si quieren pueden decirle Wikileaks marca fruna,  pero ya no se puede llorar sobre la leche derramada, la actuación de interferencia no es de mala fé en el momento en que fué liberada sabemos que no se hizo lucro con ella, o ustedes creen que este tipo de información es muy barata (1).

Las aplicaciones de Coronavirus en Europa protegen la privacidad de las personas, gracias a la evanescencia de la data (2). Otros países han preferido contratar a Google o empresas del estilo para desarrollar su analítica de datos. Nosotros dada nuestra circunstancia podemos practicar la liberación de la data para producir General Intellect (3) una cosa es segura, una solución prescindiendo del uso de datos en estos momentos es algo que sólo un idiota o un ludita puede considerarlo como opción.

Recuerdo muy vívidamente una conferencia de  Nelson Arteaga Bottinelli a la que asistí cómo estudiante por el año 2016 en algún coloquio sobre vigilancia y tecnología, en aquel momento don Nelson analizaba los resultados obtenidos al aplicar data science a información que manejaba el estado Mexicano (policial, judicial, juntas vecinales, denuncias telefónicas, etc.) con respecto a la violencia de género. El resultado fue categórico, el grupo agresor corresponde a hombres pobres de 20 a 30 años, parafraseando a Arteaga “el problema está en que la data que se utilizó para que el algoritmo llegase a esta conclusión, probablemente excluya todos aquellos casos que tuvieron acuerdos extrajudiciales asociados a algún monto de dinero (…) para los investigadores de ciencias sociales, nos es bastante fácil identificar un problema en las muestras que usamos para llegar a conclusiones, cosa que la máquina evidentemente no puede hacer, ya que solo interpreta aquello que le entregan. Y los investigadores de ciencias sociales tampoco podemos hacer estos estudios a posteriori, ya que la data es privada (aunque sea información estatal) (…) los que estudiamos tecnología debiéramos tener presente que dada las circunstancias actuales, no vamos a eliminar las tecnologías de Big Data de este planeta por más que nos esforcemos en ello. Pero como mínimo deberíamos luchar por una liberación, de los datos estatales y privados, con el fin de que hayan varios ojos capaces de interpretar los datos y de esta manera el conocimiento, las políticas públicas, las relaciones sociales, se democraticen.

Siguiendo las tesis de don Nelson, quiero invitarles a que aprovechemos este momento para generar conocimiento colectivo que ayude a frenar la destrucción que generan las decisiones verticales y centralizadas en el tejido social, este es el momento para que las viejas facultades de políticas públicas, los epidemiólogos de tv, los alcaldes, juntas de vecinos y nos pongamos a pensar en serio sobre cuáles son nuestras posibilidades de acción cuando se nos ha revelado esta nueva información en el tablero. No quiero creer que todos somos idiotas y vamos a ir a quemar las casas de los contagiados, y si, yo también creo que uso palabras muy raras para presentar conclusiones muy ingenuas.

Un Abrazo.

(1) MENSTRUAPPS – ¿Cómo convertir tu menstruación en dinero (para los demás)?

(2) Columna de César Hidalgo: Privacidad, datos y pandemias

(3)El “General Intellect” de Marx explicado por Paul Mason, con algún comentario

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