La olvidada protesta de mineros copiapinos en la previa del mundial del 62

El mundial de fútbol realizado en Chile durante el otoño de 1962, guarda una historia previa desconocida y que tiene como protagonistas a obreros oriundos de nuestra región que se organizaron para hacer frente a una desmejorada situación laboral. Una movilización que incluyó una marcha desde Copiapó hasta Santiago “a pie”. El relato de esta ignorada historia es aportado por uno de sus protagonistas: Víctor Molina Muñoz, quien participó de este movimiento sindical que expuso las precarias condiciones de trabajo que se desarrollaban en la mina Cerro Imán.

Por José Molina, antropólogo y máster en ciencias sociales / Título original: Una huelga obrera a pocas semanas de la Copa Mundial Chile 1962 / foto extraída de un video corporativo de Minera Santa Fé. 

Para 1950, el auge decimonónico de nuestra zona era una historia guardada en el pasado de la burguesía minera. A estas alturas, la industria salitrera iba concluyendo drásticamente sus ciclos productivos, por lo que surge la necesidad de una adaptación tecnoeconómica que asegurara productividad y empleo.

Es así, como asoman dos alternativas concretas para el desarrollo económico, la industria cuprífera y la del hierro. Para 1962, la Compañía Minera Cerro Imán, que explotaba el yacimiento del mismo nombre y que se encuentra localizado a 15 kilómetros al noroeste de Copiapó, contaba con una dotación que superaba los 300 operarios. Sin embargo, la forma con que la firma pagaba el salario de sus trabajadores fue diezmando la situación económica de ellos y sus familias, lo que decantaría en un movimiento sindical que lideró una huelga y la paralización total de las faenas en Cerro Imán.

Un protagonista de la movilización

El ex trabajador y dirigente sindical de Cerro Imán, Víctor Molina, oriundo de la extinta localidad de Puquios, recuerda que el malestar de los obreros se agudizó cuando los comercios copiapinos se negaron a canjear los vales que la empresa entregaba para que las familias se proveyeran de lo indispensable para su sobrevivencia.

Don Víctor relata: “En ese entonces, el patrón Osvaldo de Castro entregaba cupones sin valor, ya que los negociantes los rechazaban, porque la empresa no pagaba las cuentas. Este empresario, conocido popularmente como el “buitre del desierto”, mantenía a sus obreros en condiciones muy similares a las permitidas en las salitreras, negándose al pago de salarios en efectivo. La falta de lo indispensable, nos llevó a manifestarnos en una huelga general, marchando desde la faena hasta la plaza de Copiapó, para denunciar los abusos de la empresa”. Sin embargo, esta movilización no generó ningún beneficio para los trabajadores, quienes se unieron en una comisión representante de todos los sindicatos, que agrupaba a los empleados y obreros de la empresa. De esta manera, a fines del mes de abril de 1962, se gesta una gran marcha que se propuso representar ante el gobierno la compleja situación que atravesaban los obreros de Copiapó.

Esta foto y la imagen destacada en portada forman parte de un video corporativo de la Minera Santa Fé, la que se hizo cargo posteriormente del yacimiento hasta la actualidad. El video data de los años 60’s.

Don Víctor relata que la concentración agrupó a cerca de 300 operarios, sí bien en esa fecha había mujeres trabajando en la firma, decidieron quedarse en Copiapó. Por lo que se emprendió camino hacia el sur, con el firme propósito que el Estado se hiciera parte frente a la férrea posición de Osvaldo de Castro en no mejorar las condiciones dadas a sus trabajadores. “Don Raúl Barrionuevo, político de la zona nos prestó un camión para emprender el viaje. Nosotros tomamos una micro de la empresa que le llamábamos `La Chocolito`, con la que nos trasladamos hasta que Carabineros capturaron ambos vehículos. Existía preocupación por esta marcha, ya que nos seguían e informaban por radio el paso de los protestantes quienes nunca dudamos en seguir hacia Santiago, pese a que estábamos en vísperas del mundial de fútbol”. A la altura de Ovalle, narra don Víctor, fueron interceptados por Carabineros quienes les dijeron que `sí eran brujos, lograrían continuar el viaje´. Finalmente, lo consiguieron y muchos de los trabajadores llegaron a la capital encaramados en los antiguos camiones que trasladaban cilindros de gas.

Mineros en un Santiago futbolizado

En esa época, la administración de Jorge Alessandri enfrentaba dos eventos inusitados en Chile.

Presidente Jorge Alessandri Rodriguez. Independiente cercano al partido liberal.

Primeramente, debió tratar los infortunios generados por el cataclismo de Valdivia, que el domingo 22 de mayo de 1960 azotó dramáticamente la zona sur del país. Por otra parte, apoyar la organización del mundial de fútbol, tarea titánica y que demandó la preparación de las ciudades, estadios y centros deportivos, cometido que desafiaba el despliegue de un estado pequeño y con recursos limitados.

Los obreros de Atacama llegaban a Santiago a un par de semanas antes del 30 de mayo de 1962, fecha en donde comenzaría la fiesta del balón pié y que tenía al Estadio Nacional como principal centro deportivo. Don Víctor narra que: “nos agolpamos en las afueras del edificio del congreso, en una huelga de hambre, situación que el gobierno de Alessandri quiso terminar rápidamente, ya que se notaba la preparación de la ciudad para recibir a los países que venían al mundial.

En las calles se instalaron unos televisores que transmitirían los partidos, que se pasarían por la señal del canal de la Universidad Católica” (hoy canal 13). Los dirigentes sindicales se reunieron con las autoridades de gobierno, quienes mediaron entre la empresa y los trabajadores, pero la situación era complicada.

El primer mandatario ordenó que los hombres copiapinos fueron trasladados a un edificio que albergaba a un hogar de menores en el centro de Santiago y se les proveyera de alimentación. Tras diez días de negociaciones, se acordó la reorganización financiera de la empresa a través de un síndico de quiebras y el retorno inmediato de los trabajadores a la Provincia de Atacama. En este sentido, don Víctor comenta que: “el gobierno nos entregó una suma de dinero y se hizo cargo del traslado de todos nosotros al norte, como teníamos dinero y hace meses que no llevábamos nada al hogar, aprovechamos de comprar algunas cosas en los comercios santiaguinos, que ofrecían grandes novedades para nosotros. Ya en esa fecha, todo el pueblo hablaba del inicio del mundial y en las radios se escucha a diario el rock del mundial de Los Ramblers. También sabíamos que Eladio Rojas representaría a nuestra tierra y lo hizo metiendo varios goles”.

Se ordenó que un convoy de Ferrocarriles del Estado, movilizara a los copiapinos desde la Estación Mapocho. El viaje tuvo una detención de tres días en La Serena, pues la formación presentó fallas mecánicas, lo que obligó el traslado de los obreros a una escuela pública. Al llegar a la Estación de Copiapó, nadie los esperó, porque sus familias y amigos lo hicieron en la fecha de llegada pronosticada inicialmente y que cambió por la estadía en La Serena. La empresa y sus trabajadores fueron declarados en calamidad pública, por lo que el fisco se hizo cargo de sus salarios y seguro obrero. Esto, fue a cambio de la realización de distintas labores para reparticiones públicas, como municipalidades y escuelas.

Don Víctor recuerda que fue destinado al municipio de Copiapó, en donde trabajó como operario del camión cisterna que repartía agua en los hogares más pobres de la comuna y a la vez, se regaban los jardines y plazas municipales.

Por otra parte, Caritas Chile les donó quintales de harina, para que preparan pan para las familias de los trabajadores: “no teníamos un lugar para elaborar el pan, por lo que el regimiento nos prestó las cocinas y salíamos a repartir casa por casa. Lamentablemente, quienes antes nos asistieron, después del golpe militar nos persiguieron severamente”.

La sorpresa de los movilizados 

La travesía iniciada por los trabajadores, tuvo un término que ni ellos esperaban: El Estado intervino en la reestructuración de la empresa, la que se transformó en una compañía minera, que junto a las firmas Santa Bárbara y Santa Fé, sustentarían las bases de la fortuna de la familia Farkas – Klein. Para 1963, los dirigentes de la mina Cerro Imán de Copiapó, solicitaban al presidente Alessandri Rodríguez la pronta comercialización de minerales provenientes de esta faena y el oportuno retorno a su lugar de trabajo, lo que se fue concretando gradualmente hasta 1964, donde Daniel Farkas Berger, propietario de la Compañía Minera Cerro Imán instruye la incorporación de todo el personal a la empresa y el mejoramiento de sus condiciones laborales, según lo exigido por la organización obrera.

Don Víctor nos comenta: “el patrón, papá de Leonardo Farkas, cambió las condiciones de trabajo del cielo a la tierra y ahora recibíamos un salario acorde a la producción. Se modernizó la faena, lo que demandó nuestro esfuerzo y capacitación en la maniobra de las nuevas máquinas adquiridas por el Sr. Farkas. Llegamos a tener un cargador articulado que, de una sola vez, llenaba un camión, de éstos sólo existían dos en Sudamérica. Asimismo, contábamos con incentivos de escolaridad, de vacaciones y matrimonio, préstamos a bajo interés, bono de matrimonio, convenios para comprar más barato en el comercio, subsidio para vivienda, asignación para atendernos por médicos particulares e incluso, el pago de cuota mortuoria para nuestros padres y suegros. Todo lo anterior, contaba con la permanente gestión sindical, la que el mismo patrón Farkas fortaleció contratando los servicios profesionales de una visitadora social que trabajaba a la par con nosotros”.

En noviembre de 1970, asume la presidencia Salvador Allende quien consideró el traspaso de esta firma al área social, donde se continuó con la ampliación sostenida del bienestar laborar. Todas las filiales existentes entre Chañaral y Coquimbo formaron la Compañía de Acero del Pacífico. Tal como ilustra Augusto Millán en su “Historia de la minería del hierro en Chile”, el yacimiento de Cerro Imán era de una ley muy alta, en comparación a otros lugares, lo que sustentó una cuantiosa producción durante más de diez años. Al sobrevenir el golpe militar de 1973, la llegada de los militares generó el despido de todos los trabajadores que militaban en partidos de la Unidad Popular. Para 1980, las faenas cesaron en el distrito minero de Cerro Imán a causa del escurrimiento de agua que inundó la mina, finalizando la historia de este importante yacimiento siderúrgico. 

Te compartimos también el video que muestra a los trabajadores de Cerro Imán y el documento que enviaron los trabajadores durante su movilización en 1962.

Historia de Minera Santa Fe from Leonardo Farkas on Vimeo.