Manuel Ormazábal Soto, artista visual copiapino y su imaginario de Atacama

El artista visual Manuel Ormazábal Soto (Santiago, 1962), reside en la ciudad de Copiapó desde los años ’70. Estudió en el Instituto de Arte Contemporáneo de Santiago y durante su carrera ha realizado ensayos visuales, combinándolos con propuestas de investigación fotográfica, instalaciones y montajes, para reflexionar sobre el sentido de la imagen, usando la fotografía en su relación con la realidad como herramienta, en principio, para conocer el mundo. Su último libro, «Geografía de luz y muerte. Retratos de cementerios», es un trabajo hermoso donde recorre los camposantos de la región de Atacama, rescatando fotos y fragmentos esparcidos, como una forma de mantener la memoria de quienes ya no están en este plano físico. El día jueves 18 de febrero estará impartiendo un taller organizado por Revista, Librería y Espacio Cultural Tierra Culta. A continuación, pueden conocer un poco más sobre la obra de este autor local.

Por Daniel Campos Rodríguez

¿Podrías contarnos en qué consiste el taller «Fotografía, Muerte y Retrato Familiar», que impartirás el día jueves 18 de febrero?

Para empezar no sé si llamarlo taller, porque un taller implica enseñar hacer algo, y no creo que este sea el caso, más bien sería como el espacio para reflexionar sobre algo ya dado, quizás plantear preguntas. Por tanto en base a mi propia experiencia con la fotografía y las artes visuales, compartir las inquietudes y pensamientos que han rodeado mi relación con la fotografía y que no es solamente personal o íntima, sino que se conecta con la idea de familia, comunidad y territorio. De esta manera este “Taller” podría ser un lugar de descubrimientos, tanto para los que asistan como para mí, ya que no me considero poseedor de un conocimiento relevante, ni que por la actividad artista que realice sea de una elite privilegiada, sino contar porque hago lo que hago, si es que hay una respuesta para aquello, es decir reunirnos con los interesados, a los que la fotografía les fascine  y buscar darle sentido a esa atracción, como ocurre en todo acto artístico.

En tus publicaciones trabajas el concepto de «Álbum», ya sea tu publicación del 2017, «Diario de la clase y álbum escolar», como en «Exploración a la región de Atacama». ¿Podrías contarnos más acerca de esta apuesta estética?

En esos trabajos y en otros anteriores nacen con la idea de la pérdida, de la desaparición, para lo cual el acto para contrarrestar eso sería la acumulación. Digamos que en fotografía el Álbum es el lugar de esa acumulación de la imagen de eso perdido, de esta manera realizar un álbum es un rito para conservar, para proteger y evitar la pérdida, aunque sea simbólicamente. En fin, es la Memoria la que se protege, lo que es trágico al mismo tiempo, porque el olvido y la perdida termina triunfando. Pero al principio estas ideas eran más sentidas como intuición, lo sugiere algo nacido más bien de la emoción que de lo intelectual, lo que le da a esa propuestas un largo espacio de tiempo para lograr entender en algo lo que esa experiencia me dejo, es decir que la emoción o los sentimientos logren un consenso con lo racional, que sería lo estético.

Tanto en «Geografía de luz y muerte. Retratos de cementerios» y «Exploración a la región de Atacama», el desierto de Atacama es un actor preponderante en tus fotografías. ¿Cómo desarrollas este imaginario?

Esto se conecta a la respuesta de la primera pregunta, en que sugiero la importancia determinante del lugar en el desarrollo de la sensibilidad y nuestra forma de pensar, en este caso el Desierto, si bien esto no es consciente, significa que el poder del territorio nos contiene y a la vez lo contenemos, esto era más fuerte en otras épocas, ahora da impresión que dada la evolución de la tecnología pareciera que hay una negación del lugar, de donde somos, ya no se mira el paisaje o más bien se trasforma en algo virtual, que se debe dominar y poseer, el territorio como algo recreativo o que se explota económicamente, sin embargo en nuestro más profundo inconsciente existe la certeza que el territorio es una totalidad que nos absorberá. De esta manera pienso que mis proyectos buscan recuperar ese lugar ancestral, que no es otro que el lugar de la niñez.

Tus apariciones en tus publicaciones, cameos o irrupciones del autor, son parte de tu obra, ¿esto es algo pensado o espontáneo? ¿Nos podrías contar un poco más acerca de esta relación entre autor y obra?

Esta apariciones tienen que ver más bien con la idea de juego, de disfrazarse, lo que sugiere la búsqueda de la identidad, claro no digo que haya sido al principio planeado, pero creo que tiene que ver con eso lúdico que implica también mi trabajo, es decir que en el fondo uno también es otro, un ser inventado, alguien producto de la imaginación, o que no se es totalmente real, etc.

En Librería Tierra Culta tenemos tres publicaciones tuyas a la venta, como son «Diario de la clase», «Exploración a la región de Atacama» y «Geografía de luz y muerte». Para quienes no conocen tu trabajo y quieran acercarse al mundo de la fotografía, ¿cómo podrías presentar estas obras?

Bueno los libros de fotografías que están en la Librería Tierra Culta,  son parte de un trabajo en que el tema básicamente es el viaje por la región de Atacama, es decir, un recorrido por  su mitología, por los rostros de sus habitantes, por la búsqueda de un pasado o un tiempo que hemos olvidado. También la contemplación de las ruinas y vestigios de ese pasado que de alguna manera ha hecho posible nuestra existencia, pero además es construir imágenes que aporten a nuestros imaginaros. Por cierto, no atrevo avalar su importancia, o si ese aporte es valioso, mi pretensión no da para tanto, porque también uno puede ser sujeto de olvido, el tiempo tiene la última palabra, el tiempo que todo lo reinventa, creando con esto la duda si alguna vez nosotros existimos realmente.

 

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