La historia de cómo un colegio en el corazón de México terminó llamándose «Escuela Primaria Copiapó»

En el D.F. de México existe una Escuela Primaria llamada Copiapó. En el centro del establecimiento un gran mural embellece el recinto. El mural se denomina “Paisaje de Copiapó”. ¿Cómo sucedió esto? Se lo contamos a continuación

Por David Ortiz /Basado en el trabajo y texto original de Leticia López Orozco*

En la Unidad Habitacional Vicente Guerrero, en la Delegación Iztapalapa, en el D.F. mexicano, existe un colegio llamado Escuela Primaria Copiapó. El nombre de este establecimiento lo da el mural que adorna el colegio, llamado “Paisaje de Copiapó”, y que fue realizado por el artista mexicano David Alfaro Siqueiro. ¿Pero cómo llegó un colegio a llamarse a Copiapó y poseer una obra pictórica  inspirada en la capital atacameña en el corazón de México?

Todo parte con hecho histórico que marcó a artistas, intelectuales y la sociedad mexicana. Un atentado en contra de León Trotsky en la primera mitad del siglo XX vivía exiliado en tierras aztecas. Los autores del intento de crimen eran un grupo de estalinistas militantes del PC mexicano. Entre ellos un artista visual: David Alfaro Siqueiros.

Dado el rechazo generalizado de la opinión pública a su actuar y los años que debió pagar en cárcel, el pintor se movió por varias ciudades mexicanas en los años cuarenta, hasta que Pablo Neruda, quien también residía en México por esos años, lo invitó a viajar a Chile, lugar donde finalmente se autoexilió.

Una vez en Chile participó de la reconstrucción de Chillán, luego del terremoto que afectó a esta ciudad. De esta localidad es que también se inspiro para algunas de sus obras. Luego se dirige al valle de Copiapó. Lugar donde vivió cuatro años. Tal como lo recordó el día de la inauguración del colegio donde realizó su mural Paisaje de Copiapó, señalando que “la conozco bien porque estuve allí cuatro años, después de que salí de la cárcel en México en 1940”.

El motivo de esta pintura rememora un hecho histórico poco conocido en nuestro país. Corría el siglo XIX el gobierno francés invadió México, como parte de sus pretensiones imperialistas en América. Tomando posesión del Estado Federal de Mexico, que pasó de ser una república a conformar un Imperio, liderado por el austriaco Emperador Maximiliano I de México, que no era más que un lacayo de París emparentado sanguinamente con la corona de Austria.

Con esta invasión se abolió de facto el gobierno democrático de Benito Juárez, y se refundó a esta nación bajo las directrices francesas. Acción respaldada por españoles e ingleses, dos de las principales potencias de ese tiempo.

En ese momento las tropas mexicanas, comenzaron a reorganizarse para expulsar a los franceses de sus tierras, recibiendo recursos de diversos pueblos latinoamericanos. Entre ellos estaba Atacama, que por medio de su burguesía ilustrada, pudiente y de corte más bien liberal envió fondos para apoyar la organización de un ejército de resistencia que expulsare a las tropas francesas y restaurara así la sobernía republicana de México.

No fue sino hasta la década de los 70’s del siglo XX que este acercamiento histórico fue plasmado en una obra. En este caso la de David Alfaro Siqueiro. En aquel momento, según indica el texto histórico realizado por Leticia López, El diario Excélsor publicó que la escuela primaria recibió el nombre de Copiapó en “remembranza sincera y sentida, del gesto de solidaridad que aquella capital de Atacama tuviera con el Benemérito de las Américas, en una de las crisis más dramáticas de la historia de México”.

La inauguración

En los años sesenta la ebullición social en el mundo occidental era plausible. Las tomas universitarias en Estados Unidos y la crítica a las democracias liberales, provenientes de las nuevas generaciones que determinaron los estallidos estudiantiles de California y Berlín el año 67  y el famoso Mayo francés en el 68. Ambiente que convulso del que los países latinos fueron protagonistas con sus distintos procesos sociales, políticos, artísticos e intelectuales.

Es en ese contexto que en una manifestación estudiantil realizada en Tlatelolco, México, se dio la llamada “Primavera de Praga latina” del año 1968. En ese entonces el gobierno mexicano preparaba las primeras Olimpiadas en el país azteca y no tomó importancia a una seguidilla de manifestaciones estudiantiles de la capital, que luego se fueron haciendo cada vez más grandes hasta convertirse en todo un movimiento de descontento nivel nacional.

En ese entonces era tal la efervescencia que en un encuentro organizado para protestar contra el gobierno del presidente Díaz Ordaz en la plaza de la plaza de Tlatelolco se reunieron miles de manifestantes, pocos meses antes del inicio de las olimpiadas. En ese momento se vivió uno de los hechos más oscuros de la historia reciente de México. El ejército llegó a reprimir la marcha y de un momento a otro se generó una balacera donde murió una gran cantidad de gente. El hecho es recordado como la “Matanza de Tlatelolco”.

Dos años después el también militante del PRI Luis Echeverría asume como presidente de México, y este contexto busca tender un puente hacia los sectores de izquierda del electorado mexicano. Por lo que decide entablar lazos con el gobierno de Salvador Allende, gestando un complejo habitacional que tuviera algún gesto con Chile. Representando a la vez que la modernización de México, un aire de compromiso social y rememoranza de un hecho importante en la nación mexicana como lo fue la expulsión de los franceses, hecho en el cual un grupo de copiapinos ayudó a concretar.

Es allí que se gesta la Unidad Habitacional Vicente Guerrero. En donde se instalaría una escuela, llamada Copiapó en honor a la ayuda de esta ciudad atacameña a la resistencia contra las tropas de ocupación francesas de México en el siglo XIX. El artista encargado de llevarla a cabo, precisamente un mexicano que conocía Copiapó. David Alfaro Siqueiros. Quien guardaba en sus recuerdos 4 años viviendo en la ciudad minera.

En palabras de Leticia López, el artista nos muestra desde una perspectiva aé­rea la ciudad enclavada en ese valle chileno. No obstante su pequeño formato, en el mural se combina lo que el crítico Antonio Rodríguez llamó «lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño», es decir las voluminosas montañas envuelven a la minúscula ciudad en un acto de fraternidad como el de Siqueiros al elegir representar un pasaje de la historia de Mé­xico y Chile. Grandes y vertiginosas montañas en donde al final de la obra se divisa la silueta de un minero.

Sin dudas hizo falta mucha historia para que el paisaje de nuestro Copiapó terminara en Ciudad de México inmortalizado por uno de los artistas mexicanos más reconocidos del siglo XX.

Leticia López Orozco*: Directora del instituto de investigaciones estéticas de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Foto extraída de http://www.abacq.org/calle/index.php?2012/06/21/569-iztapalapa-ciudad-de-mexico

Un comentario

  1. En una placa junto al mural se narra la historia de Juárez y el apoyo que recibió de esta ciudad. El mural aún sigue conservándose. Supe que hace algunos años vinieron de Chile a conmemorar la visita del Presidente Salvador Allende, entiendo que vino la hija del Presidente, aunque no podría asegurarlo. Debo mencionar que también hay una secundaria en la misma Unidad que lleva el nombre del Presidente Chileno, así como un Centro Deportivo Comunitario.

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