La historia del rescatista de ‘Los 33’ durante los aluviones del 25 M

Texto: David Ortiz Fotografía: Manuel Ormazabal

Sin quererlo, el año 2010 Pedro Riveros se hizo conocido como “El R1”, por ser el primero en asistir a la emergencia del turno de la San José y el último en salir desde las entrañas de la mina en la cápsula Fénix.

Casi cinco años después, durante la catástrofe del norte, lideró el primer equipo de rescate que partió hacia el Valle de Copiapó apenas iniciada la emergencia. Allí logró salvar aludes con los integrantes del equipo entrenado por él mismo en su grupo “Rescate Atacama”, logrando conectar uno de los puntos más afectados de la zona mientras la lluvia parecía que iba a desaparecer los poblados de la cuenca, como si se tratara de varios Macondos en un diluvio local.

Apenas pudo volver a la capital atacameña sorteando la desconexión desde las alturas del valle, tomó su vehículo particular y partió a su natal pueblo de El Salado para ayudar y ver el trabajo de la compañía de bomberos en esa pequeña localidad, de la que él formó parte.

Reacio al mundo de los medios de comunicación accedió a conversar con Tierra Cultah para contar su detalles de cómo se vivieron los primeros minutos de la emergencia que hoy cumple 5 meses de ocurrida.

Usted estuvo en el primer grupo que salió a prestar ayuda en la emergencia, ¿cómo se inició todo?

Mire, estábamos con mi equipo acuartelados en alerta máxima allá en la ONEMI regional aquí en Copiapó. En total somos 34, pero enIMG_5798 esa primera instancia teníamos 6 integrantes esperando alguna misión de alto riesgo, que es para lo que nos llamaron. Aún no llovía en la ciudad, pero cuando comenzaron las precipitaciones en el Valle de Copiapó se nos informa que había una cantidad importante de personas en el sector Vizcachas. Entonces la ONEMI, ante la posibilidad de que la lluvia se desatara de forma más violenta y rápida, nos despachó valle arriba para socorrer ante cualquier eventualidad. Salimos a las 21 horas desde Copiapó y comenzamos a subir primero hacia los Loros en la ruta que va por Tierra Amarilla y cerca de las 22:00 horas se vino la lluvia con toda su fuerza.

¿En ese momento qué pensaba?

Lo que yo pensé en ese rato es que todo pintaba para algo grave. Así que camino arriba llamé a un gran amigo mío que es Julio Palma de Chañaral para advertirlo de lo que podía pasar en El Salado. Lo llamo y le digo “Julio las cosas parece que se van a poner feas, se van a poner muy complicadas”, entonces estalló la tormenta y lo vuelvo a llamar entonces  le digo “Julio esto realmente se puso muy feo”. Nosotros en el equipo pensábamos que toda esa agua iba a bajar por el Valle de Copiapó y por la quebrada de Salado. En ese momento ya la lluvia estaba empezando a caer de un modo muy violento.

¿Y qué pasó con ustedes cuando iban subiendo?

Bueno, la tormenta hizo caer tanta agua que las laderas del cerro se vinieron adelante y atrás de nosotros. Los derrumbes nos cortaron el camino para ir y volver. Quedamos sin movilidad y con una lluvia que no era torrencial, era como que el cielo se estaba cayendo, era como el fin del mundo. La verdad es que dijimos “de aquí está muy difícil salir”. Además veíamos cómo el río crecía de una manera veloz y cortaba el espacio contra el encajonamiento del valle. Nosotros sabemos que tenemos el equipo técnico y la preparación para salir, así que nos pusimos a trabajar en eso, con la preocupación puesta en socorrer a la población lo antes posible.

¿Cómo salieron?

Mientras estábamos allí arriba, hicimos un equipo con la gente de una hacienda que estaba ahí, pescamos unos tractores chicos pero igual abrimos camino para seguir avanzando a Los Loros y pasar con los vehículos. En paralelo, ya habíamos enviado tres rescatistas a pié para allá, porque cuando se produce el deslizamiento de tierra nos separamos en dos equipos con tal de que pasaran o no pasaran ya Pedro Riveros, el 'R1'. Foto Manuel Ormazábal.podíamos tener presencia en el lugar para ayudar a la gente.

¿Cómo les fue a los rescatistas que cruzaron?

Fue una odisea terrible para ellos, pero la sacaron bien, como siempre lo hacen. Cuando llegaron se juntaron con los voluntarios de los Loros y empezaron a controlar la emergencia. Tres días nos demoramos en poder pasar con los vehículos y nos encontrarnos con los bomberos de allá arriba, también cooperamos y logramos salir con muchos problemas de esa localidad para establecer contacto con la ciudad. De hecho, fuimos el primer vehículo que salió desde Los Loros a Copiapó en esta emergencia, logramos pasar por el lodo. Era una pena ver el nivel de destrozo del pueblo, pero ayudamos a organizar la ayuda entre los mismos vecinos.

¿De qué otra manera apoyaron en medio de la emergencia?

Nuestro equipo trabaja en conjunto con a una minera. En ese entonces la minera puso todo el despliegue técnico y humano a disposición: vehículos, maquinarias, trabajadores y bodegas. Todo eso en la calle. Ahí nosotros los rescatistas veíamos qué hacer, donde priorizar la ayuda en Tierra Amarilla, que es donde está ubicada la faena. Lo primero fue disponer de la ayuda humanitaria para asistir a las personas que estaban en peligro. Por ejemplo, fuimos a la quebrada de la Finca el Maray, hacia la cordillera. Allí había diez mineros en peligro, incluyendo una mujer, de los cuales seis se habían salvado y quedaban cuatro desaparecidos: tres chinos y un chileno. Una de las misiones fue rastrear toda el área y seguimos 9 kilómetros en la cima del cerro y 25 kilómetros a pie, desde la finca Maray. De los cuatro, no encontramos a ninguno en esa área. Ahí trabajaban esas personas, pero no encontramos a ninguno en el lugar. Seguimos rastreando hasta Copiapó por 25 kilómetros quebrada abajo para ver si encontrábamos los cuerpos. Nos fuimos acompañados por un minero del lugar, un tipo excepcional que salvó a las seis personas que estaban en la mina cuando pasó el alud. Lamentablemente no tuvimos resultados positivos en el rastreo y decidimos volver a Tierra Amarilla, pero cuando íbamos llegando nos encontramos con una patrulla de carabineros que nos pidió ayuda, nos dijo “encontramos un cuerpo”, era una persona que había aparecido entremedio de los parronales arrastrada por el lodo. Nos sumamos para cooperar y nos encontramos con el cuerpo de un varón de ascendencia asiática. Fue realmente penoso verlo, porque habíamos hecho todo lo posible por llegar a tiempo en la finca y no se le pudo salvar, pero seguimos ayudando aunque fuera solo para poder retirar el cuerpo.

Luego de eso se fue a El Salado.

Efectivamente, porque ese es mi pueblo y quería llegar para ayudar lo antes posible. De todas formas tenía la tranquilidad de que estaba ahí un grupo de bomberos que son de lo mejor. Muchachos que saben muy bien lo que hacen y nosotros fuimos a aportar un granito de arena y además llevar ayuda humanitaria, principalmente medicamentos. Apoyé enlazando ciertas cosas que a veces se necesitan, pero no hay quien las lleven.

Los bomberos de El Salado son sus bomberos. Cuénteme porqué son bien considerados entre los rescatistas.

Ellos son del grupo, ahí nació el grupo de rescate minero subterráneo de Chile, el primero de Chile y que se convirtió a poco andar en IMG_6715el centro mundial del rescate minero subterráneo, en el sentido de que el año 2010 con el rescate de los 33 mineros de la San José, se hace un punto de inflexión ahí. Son tipos muy capaces y muy humildes, pero con una precisión y fortaleza, que son impresionantes. Fuimos los primeros especialistas en rescate minero subterráneo. Yo le apuesto un dedo de mi mano derecha a que no van a encontrar expertos en rescate minero subterráneo mejores que los de El Salado.

La gente de El Salado dice que si no fuera por los bomberos, la tragedia hubiera sido mayor

Absolutamente, lo que pasa es que los bomberos actúan como mucha gente dice, irresponsablemente, que son alharacos, porque con este tipo de alarmas salen con las sirenas armando bulla para que la gente evacúe. Sucede que los bomberos del Salado, cuando amanecía el miércoles del desastre,  ya habían estado toda la noche acuartelados preparándose para saber qué podía pasar y estar preparados. Valoraron el caudal del río toda la noche, subían con el carro río arriba para monitorear, hasta que se dieron cuenta que la cosa era muy en serio y dieron la alarma. Salieron a evacuar, porque la ola venía con cerca de trescientos metros de largo. Lo que hicieron los bomberos fue un trabajo enorme, salvaron a la mayoría del poblado. Pero con la humildad que tienen los bomberos de la quinta compañía de El Salado, han pasado desapercibidos y siendo que ellos estuvieron el núcleo de un impacto terrible con una avalancha de barro, agua y escombros de plantas metalúrgicas, tanques de ácido sulfúrico, camiones, de todo.

¿Cómo estaba El Salado cuando llegó allá?

Con los primeros que me encontré fue con los bomberos, que hicieron su trabajo anónimamente organizando a la gente, la cuidaron y distribuyeron los pocos recursos que había. También se veía gente de la Cruz Roja, con las señoras que estaban ahí como tabla. ¿y quién los pescó? Nadie los pescó, pero igual andaban haciendo curaciones atendiendo, o sea cosas importantes cuando no había nada, recién pasada la catástrofe. Estamos hablando de cuando todavía no llegaba ayuda del gobierno.

¿Cómo cree que se podrían haber evitado las muertes?

Lo que yo veo es que nos creemos los ingleses de América. Miramos en menos a todos nuestros vecinos de latinoamericanos y nos creemos tigres, pero en términos de preparación y prevención con respecto a desastres naturales, somos un país bananero. Después de lo que pasó el 2010 con los mineros se llenó de críticos, pero pocos propusieron proyectos efectivos. Ahora pasa parecido, es fácil apuntar a la autoridad, pero es difícil dar propuestas con argumentos y desde la experiencia. Esto nos va dar una nueva lección: que hay que prepararse para todo. Aquí el Estado, no estoy hablando del Gobierno, sino del Estado de Chile con su institucionalidad, cualquiera sea el gobierno que haya, debe tener una política de prevención y preparación aún ante la catástrofe más impensable. Puede haber pérdidas materiales, pero nunca pérdidas humanas. Lo digo sin querer criticar a ninguna institución en particular sobre roles, porque aquí el problema nace del Estado que no tiene una política, infraestructura ni los respaldos necesarios para que las medidas se ejecuten, no permite operar bien en caso de desastres. Es un problema estructural.

 

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