Los peligros del discurso xenofóbico local

Por David Ortiz*

La zona norte de Chile siempre ha sido una zona limítrofe, fronteriza y de tránsito de personas. Más aún al ser zona minera, las cuales de por sí atraen cientos de individuos que llegan a probar suerte. Si tuviera que hacer un símil, aunque guardando las proporciones, diría que los puertos tienen algunas dinámicas similares a las de las ciudades mineras, tan llenas de gente que va de paso, de población flotante. Sin embargo, las ciudades portuarias tienden a ser cosmopolitas, en cambio las ciudades mineras no tienen esta tendencia. No porque no tengan gente de distintas nacionalidades, sino porque se integran menos las culturas entre sí. Esto es solo una apreciación, claro. Y veo que en general la dinámica de las ciudades atacameñas es así, ya que la mayor parte de la población se concentra en ciudades mineras alejadas de la costa.

Para que la zona no tienda a integrar a las distintas culturas, y éstas suelan conservarse así mismas, puede ser que Atacama, que fue la zona fronteriza de Chile hasta 1879, pasó de ser un lugar pujante lleno de inmigración, a ser una zona más bien agrícola, y por lo tanto estacionaria. Jotabeche relata cómo en los años 1850 estaba la ciudad llena de gauchos argentinos que trabajaban como pistoleros, inmigrantes italianos haciendo negocios y chinos que llegaban a trabajar como comerciantes o en gastronomía. Ese mundo se fue perdiendo, y lógicamente esas prácticas desaparecieron cuando después de Chañarcillo la ciudad solo se volvió abastecedora agrícola de las salitreras, en las cuales sí se daban lógicas de inmigración importante.

Yendo a tiempos más recientes, podríamos hablar de que a diferencia de ciudades como Arica e Iquique, que fueron puertos mineros y han sido ciudades fronterizas y de transición (producto de la ocupación militar chilena en la guerra del pacífico) que tienen una cultura más bien cosmopolita, en Copiapó, que se integró al mundo de las distintas nacionalidades hace poco, con el último boom de la minería, las prácticas de tolerancia entre las distintas nacionalidades, y prácticas culturales, además de fenotipos (características físicas) están todavía en desarrollo y en tensión, puesto que son prácticas sociales recientes que están en constante encuentro y aún no logran cuajar del todo entre sí.

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Colombianos y colombianas residentes en Copiapó durante el aluvión

Las comunidades de peruanos y bolivianos son las más numerosas en la zona. Mientras que la colonia colombiana, proveniente de ciudades como Cali, ha sido de las de mayor aumento en la ciudad, y en el aluvión se hicieron famosos con las fotos donde con su alegría característica ayudaban a sacar el barro en el centro o andando por la ciudad con las camisetas amarillas de la selección caribeña prestando ayuda o manifestando su preocupación.

Si bien vemos una cordialidad y un buen trato mayoritariamente en la vida cotidiana, sin que se haya conocido de mayores problemas entre las distintas culturas andinas que conviven en este nuevo Copiapó, sí creo que hay que poner especial atención al discurso xenofóbico que empieza a circular en redes sociales. Ya conocimos cómo los rumores surgidos de la nada, con fuentes poco confiables, causaron estragos de confusión en la catástrofe del aluvión a través de las redes sociales, estas ideas pueden terminar generando confusión y un mal actuar entre pares.

Hoy más que nunca hay que tener especial cuidado con la forma de hablar sobre los residentes de otras nacionalidades, especialmente de Bolivia, a causa de la declaración de competencia por parte de la corte de La Haya en la demanda que presentó Bolivia para que eventualmente, se pronuncie esta corte en el tema de “si es posible o no hacer una negociación para que Chile entregue algún tipo (no especificado) de acceso con soberanía al mar a Bolivia” –cosa que puede quedar en nada-, vemos cómo surgen ‘memes’ fomentando la odiosidad con nuestros vecinos bolivianos, como si fuera un enfrentamiento real y en donde muchas de estas construcciones sencillas de significados defienden instituciones que la mayor parte de las veces han luchado contra otros connacionales.

A mi juicio el lugar donde mejor se representa esta apreciación, que denominaré de ‘conflicto virtual’, es en el grupo ‘Feria de la Pulgas On Line Copiapó’.  Uno de los administradores publicó que existían varias denuncias por contenidos inapropiados. Naturalmente se asoció a las denuncias con contenidos de índole sexual, pero la verdad es que los contenidos de tipo xenofóbico, avivando nacionalismos militaristas son comunes en este grupo y si hubiera personas de otras nacionalidades o bien, chilenos pro tolerancia, no sería disparatado pensar que las denuncias vienen de allí.

El 2013 una nota del Diario Atacama destacaba un hecho que denunció una hermana mexicana que presta servicios parroquiales en Juan Pablo Segundo. En esta población de los sectores altos aparecieron panfletos que decían “Fuera bolivianos, colombianos, peruanos y ecuatorianos, no más inmigrantes”, quizás es uno de los hitos de la xenofobia local. A diferencia de las ciudades del norte grande donde hay consulados extranjeros, los inmigrantes en Copiapó están en una relativa indefensión. Sólo la pastoral de migrantes vela por sus derechos, y como muchos de ellos viven en campamentos de las tomas de los cerros, TECHO aborda algunas de sus problemáticas, al ser personas sin vivienda, pero no por ser extranjeros sino por vivir en asentamientos irregulares, viviendo un tipo de marginalidad distinto.

No obstante ello, cuando el año 2013 se presentaron anuncios de desalojo por parte de la Gobernación de Copiapó se armó debate, el tema salió a la luz y de ahí en más las condiciones precarias de los migrantes emergieron. En paralelo surgió un Observatorio de Derechos Humanos en la UDA. Sin embargo se ve que hay un bajo nivel de la discusión pública, en parte sucede porque en

Texto que circula en Facebook
Texto que circula en Facebook

general el intelectual tiende a ser un outsider de la escena y el debate social, no se hace parte del discurso público, es un automarginado que no comparte su conocimiento de forma masiva, por lo que se vuelve élite, como en una logia.

Por otro lado, los articuladores del discurso público (prensa) no tienen presente las implicancias de denotar características como la nacionalidad de un protagonista de un hecho noticioso. Vemos el titular del tipo ‘detienen a boliviana vendiendo droga’, pero no del tipo ‘detienen a chileno vendiendo droga’, se resalta una característica de forma arbitraria, a juicio de quien titula.

No hay muchas manifestaciones sobre ello en organizaciones sociales, siendo que son aspectos que en la metodología del Análisis Crítico del Discurso se tienden a destacar como elementos promotores de ideologías intolerantes, a través de una forma escondida de «generalización», que tiende al estereotipo, categoría de razonamiento que impide analizar a las personas por su contexto particular, negando así la posibilidad de conocerles, diferenciarlas y tomarlas como seres humanos complejos, no como personajes.

No ponerse a discutir estos temas es peligroso. No hablar de ello en el discurso público -en los medios de comunicación escrita- hace que las distintas culturas que conviven en Copiapó entren en tensión, que se desconozcan. El ser humano a lo desconocido le teme, y cuando le teme se hace agresivo, allí está el principal peligro del discurso xenofóbico. Allí hay una responsabilidad tanto de los medios, que deben tender a presentar información investigada, considerando las distintas aristas de cómo se presenta y no sólo con la verificación de un hecho como tal, además de la responsabilidad de quienes sienten el llamado a crear una sociedad más tolerante.

*David Ortiz: Periodista y Licenciado en Comunicación Social de la Universidad de Playa Ancha, titulado con la tesis  CONFLICTO CHILE-PERÚ EN LA HAYA: DIVERGENCIAS Y CONVERGENCIAS EN TORNO A LA CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDADES DESDE EL PERIODISMO INTERCULTURAL

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