La historia de un chañaralino sobreviviente del aluvión al que dieron por muerto

Por Christian Palma // foto Agencia 1

El pasado 24 de marzo del 2015, cuando comenzaron las precipitaciones en la provincia de Chañaral, Julio Palma Vergara, ex Consejero Regional y representante de Transportes Tamarugal en la zona, recorrió la comuna durante toda la noche para observar el fenómeno e ir alertando a las autoridades del inminente peligro. Ni él ni sus acompañantes dimensionaron lo que se venía. Los años de experiencia en rescates de todo tipo, participación activa en otros aluviones (1972 y 1987, por ejemplo) y su extensa documentación relacionada con Atacama, no fueron suficientes para entender el comportamiento de la naturaleza indómita de esta región.

Al día siguiente, el fatídico 25M, Julio Palma, acudió a su trabajo, quería liberar algunos camiones para que no contaminaran aún más lo que el río traía. No hubo tiempo, el alud lo arrastró a él y otros compañeros hacia el mar. Lo dieron por muerto, pero un madero del cual se aferró tan fuerte como a la vida, una notable determinación y la ayuda de un vecino y un Carabinero, permitieron que pudiera contar este relato.

No ha sido fácil, más bien un año de penurias físicas, psíquicas, salas de hospital, operaciones, traslados en ambulancias y helicópteros, comas, mangueras, tubos de oxígeno, buenos y malos diagnósticos. Esta entrevista, hecha sobre una cama de hospital, tiene lágrimas, rabia y pena por los que partieron ese día, pero también muestra resignación y calma. Es la historia de un hombre que enfrentó la muerte cara a cara, de un tipo acostumbrado a dar la pelea y no rendirse ante la adversidad. Un chañaralino que sobrevivió a la peor catástrofe que se tenga registro.

¿Cuál es su estado de salud a 12 meses de haber sido arrastrado varios kilómetros por un aluvión que llevaba literalmente de todo?

Medicamente mi estado de salud ha sido complejo con más bajos que altos, debido a la gran cantidad de lesiones que tuve 001por el arrastre y a una serie de patologías que se me fueron desencadenando con el correr de los meses. Sin embargo, pese a que en varias oportunidades los diagnósticos no han sido auspiciosos, ha habido recuperaciones que han sorprendido incluso a los médicos. Gran parte de este año he estado internado, he entrado y salido en ocho oportunidades de centros asistenciales. Una de las tantas complicaciones radica en el sistema respiratorio ya que tengo una bacteria que es de ríos, de aguas servidas y contaminadas y que se aloja en el estómago. En mi caso, la cepa de esa bacteria se alojó en los pulmones debido a que la aspiré. Físicamente estoy muy debilitado, dependo de oxígeno, no puedo ponerme de pie, caminar ni sentarme, sólo puedo estar acostado, pero espero poder comenzar a recuperar la movilidad dentro de poco tiempo .

¿A un año de la tragedia que afectó a Chañaral y buena parte de Atacama, qué es lo primero que viene a su cabeza al recordar aquel día nefasto?

Esta es una tragedia cuya dimensión no estaba en los cálculos de nadie porque hubo ausencia de monitoreo temprano y me consta que sólo los bomberos de Inca de Oro, Chañaral, El Salado y Diego de Almagro fueron los únicos que monitorearon el fenómeno. De no ser por ellos pudo haber sido mucho peor, y las víctimas pudieron haber sido muchas más.

¿Qué recuerda de las horas previas y el momento exacto en que fue atrapado por el alud, cómo logró sobrevivir, alguna vez dijo «hasta acá llego, no doy más»?

Estuve hasta alrededor de las 3 de la mañana ayudando a contener el aluvión en El Salado porque así me lo pidió el alcalde (Héctor Volta). Como a las 3.30 A.M, cuando vimos que era imposible de contener, dimos la alarma hacia Chañaral, sobre todo a Bomberos para que desalojaran toda la calle Salado, que sería la más fuertemente impactada. También en ese momento avisé al jefe de mecánicos de Tamarugal, para que evacuara lo antes posible una docena de camiones que estaban cargados con ácido sulfúrico. La precaución en este último caso no era para salvar los camiones como muchos lo creyeron, ya que todos contaban con seguro, sino para evitar que al golpear unos con otros, los tanques se rompieran y al contacto con el agua que bajaba hasta ese momento generaran una reacción exotérmica que provocara una gran nube tóxica sobre la población, con consecuencias químicas más graves que las del aluvión mismo. En el momento que fui sorprendido por la masa de agua estaba intentando en mi camioneta rescatar a dos o tres conductores que estaban atrapados en los camiones. La verdad es que ni yo mismo tengo claro como logré sobrevivir. Sólo me acuerdo que en un momento reventó el parabrisas de la camioneta y la cabina se llenó de agua y barro y logré salir por la ventana del lado derecho. En tres oportunidades me rendí mientras iba al fondo. Yo no soy un hombre de fe, si no al contrario, soy agnóstico. Sin embargo, me rendí tres veces y en una de esas oportunidades mientras me hundía, me pregunté si Dios existía y si era hora de golpearle la puerta. No tuve respuesta. También me vi en algo de lo cual yo había oído o leído, tuve la sensación de estar en el centro de un túnel muy largo y dorado, con luz en los dos extremos. No tengo noción de haber visto nada ni a nadie más, ni de haber elegido a cuál extremo dirigirme. Pero me imagino que finalmente fui hacia la luz correcta y que tal vez eso me permite estar aquí.

Usted fue la última persona que vio con vida a Carlos Ortíz, el único desaparecido oficial que registra la comuna ¿qué recuerda de ese episodio, tomando en cuenta el terrible escenario y la fracción de segundos en qué sucedió todo?

 A Carlos le tenía un aprecio especial, soy amigo de sus padres, fui amigo de sus abuelos y yo lo invité a trabajar a la empresa. Lo único que recuerdo es que él estaba conmigo en la cabina de la camioneta, pero no tengo claro en qué momento la abordó, aunque sí el momento en que él logra salir del vehículo, porque yo mismo lo impulso a salir por la ventana del lado derecho cuando nos dimos cuenta que ésta se hundía. La ultima visión que tengo de él es la planta de sus pies saliendo por la ventanilla, y luego lo seguí yo. Nunca más volví a verlo.

¿Se arrepiente de haber tomado la decisión de acudir a la empresa?

Si pienso que no habría tenido que pasar todo este año de padecimiento, de dolor para mi familia y los cambios que han debido hacer en sus vidas, de esfuerzos económicos y que podría tener una vida normal, uno podría decir sí, me arrepiento. Pero cuando miro al otro lado y que eso ayudó a salvar personas y que tanta gente nos ha ayudado de vuelta, es cuando uno dice no, no me arrepiento.

¿Cómo ha sido el tema económico este año tomando en cuenta que no ha podido trabajar, tuvo pérdidas de importancia y gastos millonarios en salud?

En lo personal me he mantenido bajo régimen de licencias médicas, amparado a la ley de accidentes del trabajo. Sin embargo, gran parte de los costos médicos y de hospitalización durante estos 12 meses no fueron considerados como accidente laboral, por lo tanto, han salido de nuestro bolsillo y han podido ser solventados con la generosidad de muchos amigos y gente conocida. A pesar de todo esto, aún mantenemos una importante deuda económica con una clínica en Santiago. En lo material perdimos los dos vehículos de trabajo.

¿Quién o quiénes son los principales responsables de los efectos de esta tragedia, más allá de la propia naturaleza, la autoridad estuvo a la altura?

Las autoridades (Onemi, entre ellos, cuyas comunicaciones no funcionaron) no estuvieron a la altura de monitorear el fenómeno y dar los avisos con anticipación. Si hubiesen funcionado correctamente lo habrían detectado a gran distancia de la costa.

¿El gobierno y su empleador lo han acompañado en este año?

No.

¿Usted es un héroe para muchos , un ejemplo de lucha, garra nortina y resiliencia, qué dice ante eso?

Yo no me considero un héroe.  Siento que ese día sólo hice lo que tenía que hacer y que es lo mismo que tal vez hubiesen hecho otros. El mejor ejemplo de esto, es que en el minuto en que yo necesité ayuda para salir del agua, Claudio Gutiérrez, Fabian Anacona y otras personas no dudaron un segundo en lanzarse al torrente para salvarme la vida y cientos de personas que me han ayudado con su energía y su fe. A cada uno de ellos le estoy agradecido.


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