Enrique Flores, el artista visual que busca aproximarse a un imaginario personal de Copiapó

Trabajar con la precaridad y con imaginarios personales es parte del trabajo del artista Enrique Flores (1982), quien ha desarrollado su obra en la capital, luego de estudiar Licenciatura en Artes en la Universidad Católica y que se encuentra en Copiapó realizando intervenciones y acciones de arte para incorporar a su universo representaciones de la capital atacameña, donde vivió por varios años siendo adolescente. Ciudad que lo marcó, junto otras ciudades como Cartagena y Temuco. 

Flores ha realizado exposiciones en Uruguay, Argentina, Bolivia, Suiza y Polonia; y por estos días recorre rincones de la ciudad con un auto que versa ‘Buscando Norte’. En esta entrevista nos cuenta de sus inquietudes y su relación con Atacama.  

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Instalación de Enrique Flores como artista visual.

¿Cómo nacen tus inquietudes artísticas en Copiapó? ¿Consideras que eso influyó en tu trabajo?

Sí, me pasaba que yo estaba en el colegio y me aburría mucho, entonces inventé una revista, iba a talleres, porque quería hacer cosas, para no aburrirme. Aunque tenía amigos era más bien una persona sola. Ahí me di cuenta que quería dedicarme a hacer arte. Recuerdo que en ese tiempo, a principios de los 2000, hice jornadas de encerronas en la biblioteca pública. Iba a a ver los libros y leer, porque no tenía nada que hacer. Salía a recorrer en bici la ciudad y se me acababa al tiro porque Copiapó era más chico. Yo creo que ese es el origen de lo que evolucionó después mi trabajo. Me inventaba cosas que hacer.

¿Una forma de suplir espacios?

Absolutamente. Era por estar inmerso en un lugar carente de todo, de gente con quien compartir, de ir a espacios donde ver cosas, donde hacer cosas; entonces lo poco que había se valoraba mucho. Apreciaba mucho las pocas cosas que me llegaban.

¿Algo que recuerdes, una obra, alguna cosa que hiciste que te haya marcado en esa etapa?

Recuerdo que en el colegio tenía una revista que era muy precaria, un fanzine, una fotocopia. Que de alguna forma sigue siendo lo mismo que estoy haciendo ahora, que es hacer publicaciones con muy poca plata y que se autofinancie con muy poco. Eso lo hice el año 98, y después el 99 trabajé en un taller de video y animaciones. Con eso igual pude viajar a un festival de cine en Viña del Mar.

Flores ha realizado trabajos con Daniel Morón.
Flores ha realizado trabajos con Daniel Morón.

Después estudiaste mecánica en la U aquí, pero decidiste que lo tuyo era el arte. ¿Cómo fue el cambio de irte de mecánica en Copiapó a cursar Arte en Santiago?

Fue un cambio muy brusco. En ese momento no sabía qué hacer con mi vida, entonces pensaba que lo más simple era estudiar mecánica y lo podía hacer acá. Pero me di cuenta que no tenía dedos pal piano, que no quería trabajar con jefes, ni tener un horario, era medio flojo igual jajaja… pero descubrí que lo mío iba por el lado de crear, de hacer nuevas cosas, me acuerdo igual que mis compañeros de mecánica me molestaban mucho en ese rato, decía ¿qué onda este loco?, no me cachaban la onda, les era muy raro. Y claro, a mí siempre me han gustado los autos, pero una cosa es que te guste un auto, la forma de un auto por su diseño a trabajar en un taller de mecánico. Es re diferente. Lo que sí me sirvió del paso por la mecánica, es que me ordenó en sistemas de trabajo, me ‘mecanizó’ y esquematizó para trabajar en el arte, porque el arte es muy disperso y te vas por todas partes. Trabajo muchas cosas, pero sigo una línea, tengo una estructura que a lo mejor yo no más me la entiendo, pero que sé que existen y creo que vienen de la mecánica.

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Instalación cromática de Enrique Flores.

Cuando llegas a Santiago, y pasas de una ciudad chica a vivir donde está la mitad de Chile, ¿Cómo percibes los cambios desde tu visión de artista?

Bueno claro, yo iba con una visión súper provinciana del arte. Para mí era solo la pintura, el dibujo, los murales, el cómic, a lo más la animación. Al llegar a Santiago de golpe me enfrenté a otro tipo de cosas y ahí me tuve que poner al día. Sobre Copiapó, puedo decir que siempre hay cosas muy bonitas de los orígenes de uno, de la simpleza de cosas que uno las puede conocer a lo mejor no estando en Santiago y en la institución del arte. Me refiero a las cosas que uno puede ver en ciudades chicas. Yo me he dado vuelta en puras ciudades de provincia, entonces puedo tener una sensibilidad distinta para percibir cómo funcionan las cosas, cómo se mueven. Tienes una forma de percibir el mundo que es más contemplativa. Al ver cosas más chicas te das cuenta del funcionamiento general. Cuando llegas a Santiago no cachai nada, pero al final es lo mismo, más grande no más. Para mí Copiapó es como Springfield de los Simpsons. Logras entender todo el sistema de cómo funcionan las instituciones y de cómo NO funcionan las instituciones. Cómo uno tiene que hacerse cargo de las cosas que no funcionan.

Cuéntame de tu obra de artista en Santiago.

Tengo hartos tipos de publicaciones y muchos trabajos que son muy distintos, como que me interesa no mantener una línea de trabajo específica. Puedo dibujar un día, y otros escribir un poema, o cualquier cosa creativa, y todo sigue una lógica de lo sencillo, lo humano, de las cosas que yo conozco, que he vivido. No trabajo de cosas que no me han ocurrido, de temas que no pertenecen. La experiencia es mi punto de inicio para poder hacer. Por ejemplo ahora trabajé con mi banda favorita que es Queen, publiqué un libro de dibujos de ellos. También he hecho trabajos con equipos de fútbol, con autos, con el imaginario de los carabineros, cosas que he observado.

13183184_122020724874070_1318218499_n¿Carabineros?

Sí, me interesa que siempre aparezcan carabineros en mis obras, que esté ese poder represor de color, uniformado, que te dice hasta donde puedes llegar. Trato de que esté ahí la imagen del paco presente en mis trabajos. Al paco no le tengo mala, pero como que está ahí dando vueltas, es como un personaje regalón el paco.

¿Con un afán de parodia?

No es de reírme, no. Es como que está latente en la sociedad, es raro el paco, es mecanizado, estructurado, medio bruto y también es provinciano. En la provincia el paco es importante, y existen pacos buena onda. Me llama la atención su rol.

¿Por qué te gusta tanto el tema de la Provincia?

Porque en la provincia tú ves muchas cosas y hay muchas identidades. Yo estoy ahora en Copiapó, pero después me voy al sur a ver otra cosa. Es lo mismo, pero de otra manera. Claro, acá está la lógica de lo seco, que acá no llueve, que hace más calor. Allá está la lógica del abrigarse, de cobijarse de la lluvia. La gente es distinta a partir de eso. Me interesan mucho las personas, cómo pueden ser distintas, pero al final buscan lo mismo. Tienen las mismas necesidades. Otra cosa que me llama la atención es la forma en que los colores cambian según las zonas de Chile. El norte tiene sus colores cálidos, duraderos al sol. El sur tonalidades más brillantes que sobresalen en la lluvia. El centro es lo más neutral la mezcla en el norte y el sur.

En Copiapó ya estás realizando intervenciones, como la de la Centro Deportivo Pedro León Gallo. Explícame por qué te llama la atención ese lugar.

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Complejo Deportivo Pedro Leon Gallo, Copiapó.

Me parece que es una cancha llamativa. Yo recuerdo haber jugado fútbol a finales de los 90 ahí y siempre me pareció como un lugar muy raro, lleno de tierra, al lado de la línea del tren y en un hoyo. Ahora la volví a ver hace poco y encontré que era un lugar increíble, un cráter donde la gente va a jugar a la pelota en un sitio totalmente inhóspito. Piensas que es un violadero, pero al final no te pasa nada si vas. El otro día me metí en auto a la cancha y nadie me dijo nada, entonces pensé ‘ah está tirado y se puede hacer lo que quiera con arte’, es un espacio plano limpio, y se puede montar una obra, una expo, lo que sea. Se puede transformar fácilmente de sitio eriazo y muerto a un lugar lleno de arte. Aunque yo siento que las acciones que voy a hacer no tienen impacto, pero quiero trabajar y ver qué sale. No espero nada. Solamente voy a hacer cosas, pero no tengo ningún objetivo claro.

Una búsqueda.

Claro y estoy haciendo una residencia artística, pero en la casa de mis papás, porque me vine un poco arrancando de Santiago y quería cambiar el ambiente. No venía hace hartos años acá. Quería estar solo, aunque uno siempre está conectado tecnológicamente, pero tampoco quiero tener esa aceptación de tus amigos en vivo, de la gente que te conoce, porque aquí nadie me conoce. Todo es nuevo. Es un iniciarse de nuevo. Espero irme al sur y volver también.

En tu regreso después de varios años ¿qué te ha llamado la atención de la ciudad?

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Parte de las aproximaciones a un imaginario copiapino de Enrique Flores.

Creo que la ciudad sigue siendo parecida, solamente que hay mucha gente nueva. Mucha más plata, ha crecido, hay más construcciones. Pero en la parte de cultura, que es la que me interesa, veo que está igual, vengo viendo lo mismo de cuando me fui. Aunque no conozco tampoco instancias nuevas, hay que ir descubriendo. Estoy medio encerrado, porque no conozco, perdí contacto con gente de aquí. Copiapó sigue siendo igual, una ciudad ruda, muy ruda. Es muy materialista, en el sentido de que genera mucha basura en torno al consumo. Hay poco tiempo para que la gente se conozca. Siempre es la crítica a la gente de la ciudad, que la gente no se quiere conocer realmente, no entran en palabra.

¿Consideras que está bien la chapa de que la sociedad copiapina es ensimismada?

Yo tengo una teoría respecto a eso. Creo que el norte se hace así porque es difícil de vivir. De partida no hay agua, todo está lejos, construir es difícil. La gente cuida mucho lo que tiene. No es como en el sur que uno conoce a alguien y al tiro está el ‘venga compadre, vamos a comernos un cordero’. Acá no, aquí cuidas lo tuyo porque hay carencias. El norte es carencia, soledad, vacío. Allá en el sur es abundancia. Yo creo que en ese sentido me identifico con el norte, aunque me encanta el sur, porque mi personalidad responde a eso a la soledad, a cuidar lo poco que puedo tener, sin ser mezquino en ese sentido. Me considero muy nortino al crear a partir de lo que puedo hacer. Tal vez soy medio egoísta, porque creo que puedo hacer todo y termino de nortino quebrado, a lo minero (risas). Y me farreo la plata, jajaja. Con la fe del minero que siempre cree que puede encontrar la veta de la fortuna, la pepita de oro. Al final el artista insiste e insiste en buscar algo, sin saber qué. Puedes hacer mil exposiciones, pero no vas a encontrar nunca nada, puede que seas el más famoso artista astronauta y no encontrar nada. Puedes disfrutar el viaje, encontrar cosas satisfactorias en el camino, pero nunca vas a llegar a nada. En eso me identifico con el minero. No me interesa la abundancia tampoco, con lo poco que tienes a disposición que está visible, porque aquí está todo visible, puedes armar algo. Yo creo que esa es la forma de hacer las cosas.

¿Conoces artistas de la zona?

Sí, me tocó ser compañero de Natalia Holvoet que es copiapina y también es artista. Está trabajando en Santiago. Juan Santander que es poeta también y Víctor Munita. Somos los de Copiapó, del pueblo olvidado. Cuando queda la cagá aquí, en Santiago nadie sabe y a nadie le importa. Igual yo quiero a Copiapó, a pesar de la relación distante.

+info en www.enriqueflores.cl

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