Entrevista con Pedro Cayuqueo en Copiapó: «Hay que sacar al arte indígena del ghetto»

Por David Ortiz

El viernes pasado el periodista y pensador mapuche, Pedro Cayuqueo, viajó desde Temuco para visitar Atacama invitado por el Colegio de Periodistas regional. Nos dio un tiempo de su agenda para una entrevista con Tierra Cultah, en donde conversamos de su visión de la territorialidad y los muchos Chile que son invisibilizados por el Estado. Repasamos además sus reflexiones en torno al arte indígena, que sigue teniendo una condición de otredad exótica en el mundo cultural, ya sea desde la institucionalidad o de los propios artistas.

-En términos históricos, el Estado Chileno ha actuado con lógicas expansionistas. El territorio original de la ‘Capitanía General’ se ha expandido, con la ocupación de la araucanía, la colonización del sur, la incorporación del territorio insular y la guerra del pacífico. Esto ha involucrado la chilenización forzada de los habitantes.

¿Compartes este punto de vista?

Chile es un caso bien especial porque aquí la independencia de la corona española tuvo mucho que ver con un proceso, no de emancipación popular. Es decir, no de que las clases populares buscaran independizarse, o con una suerte de revolución. Lo que en Chile evidenciamos fue que una élite del Valle Central, santiaguina, que a efectos del comercio y del beneficio de esa propia élite comercial se planteó la independencia de la metrópolis. Eso marcó mucho el cómo se pensó Chile. Gabriel Salazar lo explica muy bien cuando dice que la independencia de Chile fue la de las oligarquías desde aquella época. Eso no ha cambiado mucho. Estamos recién discutiendo por primera vez si acaso la próxima carta magna será una en que se consulte a la ciudadanía, el pueblo entre comillas, o más bien será una carta magna emanada de un congreso o de una comisión de expertos. Bueno, esa discusión en Chile habla mucho de cómo se ha construido el país, porque efectivamente de casi todas las constituciones que ha habido se han construido entre cuatro paredes. No solamente la de Pinochet, las anteriores tampoco tuvieron participación. Entonces eso dice mucho de cómo se construyó el Estado.

CAYUQUEO EN COPIAPÓ
Pedro Cayuqueo Millaqueo es columnista de La Tercera, trabajó en The Clinic y dirige los medios Azkintuwe y Mapuche Times.

Ahora bien, la nación chilena es una construcción de esas oligarquías y el modo en que pensaron Chile es cómo la nación chilena ha sido formada: una nación blanca, muy temerosa de la autoridad, una sociedad extremadamente conservadora en Latinoamérica en particular. No olvidemos que Pinochet no fue un dictador centroamericano que se tomó el poder. Pinochet en Chile fue primero un dictador chileno que gozó de un amplio respaldo popular, que también da cuenta de la idiosincrasia de esa sociedad chilena. Eso no ha cambiado y se mantiene casi intacto. Tiene relación también con el control que tiene el centro: Santiago, la zona metropolitana respecto de las regiones. Esta relación patronal de la capital respecto del resto del país. Una situación que está haciendo crisis en las últimas décadas. Ahí creo yo, hay víctimas de esta construcción que son claramente evidenciables hoy día: los pueblos indígenas. De partida no fueron invitados nunca a la construcción que hizo esta oligarquía del siglo XIX y aún en el siglo XXI, no estamos siendo invitados a ser parte de esa construcción. Hay un reclamo centenario principalmente en la zona sur, por parte de los mapuche de una nueva relación con el Estado, de un nuevo pacto social con el Estado, y sin embargo la respuesta de los sucesivos gobiernos a estos reclamo que tienen un componente territorial y cultural, pero también uno político, ha es la represión y la contención de ese conflicto.

La buena noticia es que esta concepción decimonónica está en crisis. Hay crisis en lo cultural, porque para las nuevas generaciones de chilenos, el Chile blanco europeo, este país monocultural y monolingüe, no es algo que aceptan de buenas a primera. Es algo que las generaciones actuales se están cuestionando. Cosa que nuestros padres y abuelos no se cuestionaban. Estaba casi establecido que era así. A nivel de Estado, este Chile centralista, que se sigue dirigiendo desde el Valle Central, todo se define en Santiago, también está en crisis. Los movimientos sociales que hemos vislumbrado en regiones como el de Magallanes, Aysén, lo que ha pasado acá en el norte con Freirina, son conflictos que tienen que ver con cuestionar el centralismo. También eso da cuenta de que hay una crisis a nivel de estructuras de Estado. Mucha gente no lo sabe, pero el primer proyecto estatal de Chile fue federal. Y ese proyecto federado se acabó con una guerra civil donde Santiago derrota a Concepción y Coquimbo. Entonces quizás en esa materia, hay que impulsar esta idea de que Chile no puede seguir siendo un estado centralista que menosprecie las regiones. Quizás la utopía de un Chile federal sería pertinente para nuestro tiempo.

-MEO lo mencionaba en su campaña

Sí, pero él lo hablaba desde una visión de ‘federalismo atenuado’. Una especie de salida intermedia entre un estado central y federal, donde se puede entregar autonomía a algunas zonas del país. Yo creo que volver a la utopía de un estado federado hace mucho sentido en un país que tiene las características de Chile. Ahora que estoy en Copiapó estoy convencido de que Chile es un Estado compuesto por varios países. Esta zona por sus características geográficas particulares y su historia, es una zona que no tiene casi nada que ver con Magallanes o con la Araucanía o con la zona insular. Pensarnos como un estado con regiones con mayor poder de decisión, con presupuesto, con identidad local, es una utopía muy linda para el siglo XXI. Implica la muerte de la concepción del Estado Nación del siglo XIX.

-Te pregunto de este tema también por algunas manifestaciones culturales que se mantienen con un carácter impositivo para extender el Estado-Nación, por ejemplo el Campeonato Nacional de Cueca de Arica. El cual podría parecer una aberración en términos de territorio. No se bailó cueca en Arica hasta que Chile lo invade y conquista. Pero es una práctica heredera de cuando se reemplazan los curas peruanos por curas chilenos a poco andar de la anexión de la zona. Está presente de nuevo la idea de la construcción de un Chile como lo piensan en el Valle Central, que es llevar lógicas de los patrones del campesinado santiaguino a lugares como aguadas en el desierto, el altiplano, etc.

PRIMER PLANO CAYUQUEO
Cayuqueo es autor de libros como ‘Solo por ser indios’, ‘La voz de los lonkos’ y ‘Esa ruca llamada Chile’.

Sí, es muy simpático ver clubes de cueca en la zona andina. Como lo es también verlos en Puerto Natales, en Magallanes. Donde hay una cultura totalmente distinta: la del gaucho, la hacienda y es más pertinente con el territorio. Yo soy un creyente de que el territorio determina la cultura de las personas, la geografía. Tanto por mi condición de mapuche en donde el territorio, el Wallmapu, condiciona absolutamente tu identidad. Tanto así que nosotros no tenemos una sola identidad que se divide por sectores geográficos, los que son de la cordillera los pehuenches, los de la costa los lafkenches, hasta definiciones de si tu vives en un nivel del mar sobre los 500 metros o bajo los 500 metros. En fin, el territorio determina absolutamente tu identidad local. Por tanto, huasos y rodeos, que es una cultura muy relacionada al fundo agrícola y ganadero, el observarla en Rancagua, en Linares, me parece totalmente pertinente, pero que eso lo reproduzcamos calcadamente en regiones de Chile que tienen completamente otra característica geográfica y cultural. A estas alturas hasta llega a ser un poquito absurdo. Hay un tema con el ridículo, que no se ha estudiado en Chile, pero que esa concepción de la identidad nacional, tan relacionada con una uniformidad cultural es lo que hay que torpedear a como dé lugar. Los territorios tienen que potenciar su propia cultura, la cual ni siquiera hay que inventarla. Los territorios antes de que Chile fuera Chile, eran territorios que ya eran habitados y que la toponimia nos va diciendo de Arica a Magallanes, nos dice que hubo gente que habitó los lugares y que esa gente puso nombres muy relacionados con las características del espacio, de los valles, de los ríos y eso te habla de una cultura, de una cosmovisión. Creo que hay que rescatarlo a nivel local, en el caso nuestro del sur, uno ya observa con alegría que corrientes que desde fenómenos que son contemporáneos, por ejemplo los animalistas estén cuestionando el rodeo. Es decir manifestaciones culturales de la colonia española, que no sé si sean tan aplaudibles hoy día. La cultura igual cambia. Yo creo que ya está este cuestionamiento a la cultura uniforme chilena que mencionas tú, la cual más que molestarme, me causa mucha risa.

-Cae en el absurdo

Sí, cae en el absurdo. Pero fíjate que tenemos países vecinos, países hermanos que si algo los ha caracterizado y los ha hecho atractivos, ha sido precisamente fortalecer la identidad local. Acá en Bolivia tú tienes departamentos con una diversidad geográfica gigantesca. Los nueve departamentos tienen una geografía distinta, culturas distintas. Actualmente por el gobierno de Evo Morales tienen lenguas indígenas oficiales por departamento, y tú te encuentras que en cada uno de ellos hay un mundo aparte. Bueno, es un estado donde las regiones tienen más autonomía. Entonces, ¿cómo hacer para que Chile se piense a sí mismo como un Estado donde la diversidad cultural enriquece la sociedad? Creo que ahí existe un problema que es más de fondo: la relación Estado y Nación. Ese vínculo que te enseñan desde chico en el colegio, del Estado Nación. Eso es algo anormal. En el mundo deben haber casos pero muy contados con la mano de estados naciones. La realidad mundial son de estados plurinacionales. Pero en Chile, se hizo surgir esta idea con fórceps, esta idea de un estado-una nación. Por eso es que quizás lo más subversivo hoy día, en el debate constituyente es cuestionarse realmente si Chile es realmente un Estado-Nación. Yo sostengo, al igual que mucha otra gente, de que lo que Chile debería reconocer, es su carácter plurinacional. Un Estado donde conviven diversas naciones. De partida las naciones originarias, que somos nueve en Chile. Son pre existentes al Estado y están vivas. Tienen su cultura, su lengua y son un aporte a la sociedad chilena. Después de eso también, la nación chilena que no es homogénea, tiene sus componentes también de diversidad.

-A propósito de que mencionabas como un acto de subversión el plantearse un Estado Plurinacional, te pregunto ¿Cómo las manifestaciones locales culturales, desde la cultura de masas hasta las manifestaciones artesanales más puras, ayudan a esto? ¿Cómo estos elementos, que tal vez sean cuestionables al plantearse desde el consumo, pueden ayudar a generar y potenciar estas identidades locales?

Soy un convencido de que la creación cultural ligada a los pueblos originarios o a cierta cosmovisión originaria, tiene que ir mucho más allá de la reproducción de cosas o de la recreación de cosas. Generalmente se cae en esta sacralización de lo indígena, entonces hay una especie de culto hacia una estética y un imaginario indígena que quedó parado en el tiempo. Lo indígena quedó suspendido en el tiempo, por la invasión europea. Nuestro arte, nuestra iconografía, se detuvo. Lo que hoy día tenemos como imaginario indígena es lo del siglo XVII XVIII y XIX. Entonces desde el mundo artístico y cultural se mira ese mundo indígena, el que se quedó parado. Entonces vienen las reproducciones y recreaciones de ese tiempo. Soy un convencido de que hay que dar otro paso. Tomando en cuenta lo que los pueblos indígenas nos muestran, como acervo cultural, como creación, tenemos que traer eso al presente y reinventar diseños, ritos, fiestas, reinventar todo. La cultura no es estática. Fíjate que en el caso mapuche, la fiesta más popular es el año nuevo indígena. El We tripantu. Y hace treinta años atrás, no existía. Estaba la Noche de San Juan. Algo en que se convirtió con la corona española y que los chilenos heredaron de la colonia. Los mapuches celebrábamos esa fiesta por estar colonizados por los chilenos. En los años 80 con el activismo cultural, los grupos de teatro mapuche comenzaron a recuperar la ceremonia que se había perdido en el tiempo y que solo algunos mayores recordaban. Te podría asegurar que lo que hoy se ve en esa fiesta no tiene nada que ver con lo que era originalmente. Hubo que inventar un rito. Cuando eso sucedió en los años 80, hubo voces criticando. Voces mapuche críticas. ‘¡Cómo están inventando cosas!’ que la espiritualidad, que la falta de respeto. Bueno, el atrevimiento desde esos gestores culturales mapuche, que eran artistas, actores de teatro y militantes de la causa, y que dijeron ‘recuperemos esta fiesta, no sabemos cómo se hace, pero inventemos una fiesta nueva’. Y 30 años después el We tripantu es la fiesta que más se celebra en la Araucanía y la fiesta de San Juan desapareció. Con esto quiero decir que se hace un flaco favor al mundo indígena, cuando desde el mundo de la cultura se sacraliza lo indígena y se lo deja estancado en el tiempo. Lo que hay que hacer es traerlo al presente y proyectarlo al futuro. Por eso yo creo que hay que transformar el mundo de la creación indígena en industria cultural. Tienes que dar ese paso, porque o si no vas a ser eternamente invitado y pieza de fiesta costumbrista y feria artesanal. Hay que sacar al arte indígena del gheto, que es como el muestrario de un museo. Hay que llevarlo al mercado, a transformarlo en una industria. Hay que disputar hegemonía con la cultura

Ceremonia actual del We Tripantu. Foto tomada de www.ElDesconcierto.cl
Ceremonia actual del We Tripantu. Foto tomada de www.ElDesconcierto.cl

dominante, la occidental. Que no es solamente la del Valle Central que nos tratan de imponer. Yo creo que esa es la que menos fuerza tiene. Hay una cultura de lo global que nos quieren imponer, que tiene que ver con una concepción de entender la sociedad. Estamos hablando del modelo globalizante cultural que tiene mucho que ver con el mundo norteamericano, que ese sí está encima de nosotros cotidianamente. Uno podría pensar que esta homogenización chilena desde el Valle Central con la cueca, con los ritos de la zona agrícola y los fundos, ojalá esa fuera la amenaza principal. Pero no, esa es secundaria. Tenemos una cultura mucho mayor que se está tratando de imponer en todo el mundo, que no solamente no obedece a un contexto regional, o sectorial del hemisferio sur.

-Algunos autores hablan de una entrada en oscurantismo, en la edad media de los pueblos indígenas de Latinoamérica con la conquista española. El que se reactualice la cultura indígena, es también distanciarse de la mirada que se tiene desde la institucionalidad como ‘lo exótico’. Sacarlo de la otredad. En las ferias de literatura, de artesanías u otros, el mundo indígena suelte tener un ‘stand multicultural’. Una suerte de local excepcional, no integrado. En las ferias de libros se da mucho, que está la dimensión de lo normal: autores chilenos, y lo no normal: el espacio de los pueblos indígenas. Se profundiza entonces desde el mundo cultural en ese conservadurismo del Estado y los artistas. ¿Qué piensas de ello?

Son incentivos perversos que tiene la política pública. Porque también se transforma en un buen negocio plantearte como el artista exótico, el artista indígena. Se asume también una postura en torno a eso. A mí por ejemplo muchas veces me cuestionan que nunca ando vestido a la usanza. Muchos dirigentes mapuche, cuando llega la hora de ir a un medio televisivo a una entrevista, se visten a la usanza del lonko. Se hace un acto casi automático. Si van a un canal a dar una entrevista, se ponen la manta. Hay una teatralidad de lo indígena basado en la estética. Siempre digo que uso manta en las ceremonias de mi comunidad, y la uso porque me recago de frío sino me la pongo. Pero no la uso porque la manta me haga mapuche. Además la manta y la vestimenta nuestra también está suspendida en el tiempo. La vestimenta nuestra, incluso hay autores que lo han investigado, viene del siglo XVII y XVIII, producto de los pactos con España, en donde hubo mucho intercambio cultural, intercambio comercial, y fue la época dorada mapuche. Fue un tiempo en donde la platería, la orfebrería mapuche, el ganado, los caballos, hubo mucha riqueza. Fue una época donde floreció el arte, que iba muy de la mano con una riqueza económica. Una sociedad que vivía en la abundancia y que le permitió también sostener y financiar artistas. Se desconoce por ejemplo que los principales orfebres de ese tiempo no eran mapuche, eran orfebres españoles que las familias mapuche contrataban para que les hicieran la platería familiar. Entonces esa escena de los mapuche con sus textiles quedó estancada en el tiempo. Ahora, hoy día fíjate que hay jóvenes mapuche, diseñadores de moda, en fin. Ricardo Cona, diseñador mapuche que incluso viste modelos en televisión, me decía la otra vez ‘a mí me encanta la estética del vestir mapuche tradicional, pero el desafío nuestro es cómo traemos esos íconos culturales a la modernidad’. Entonces analizamos y vemos una cosa muy simpática: tú no tienes una tenida mapuche para el verano. Por ejemplo. Tú tienes solamente una tenida mapuche para el invierno, que es la manta y para las mujeres cubiertas de negro. ¿Pero cómo puedes ser mapuche en tu estética de vestir en Santiago, La Serena o Iquique? Te cagas de calor. Por ejemplo cuando se hacen las marchas de octubre para el 12 en Santiago, que ya hace harto calor, ves a la gente por la alameda con ropa mapuche de invierno, muertos de calor. Entonces se llegan a dar esos ridículos que yo siempre observo y los escribo, porque me gusta reírme de eso. Tenemos que cuestionarnos nuestra propia construcción cultural, no podemos caer en la sacralización de cosas nuestras que son ridículas. Y yo creo que tiene mucho que ver con que uno tiene que aprender a que si queremos que nuestra cultura perviva, que nuestro pueblo viva, debemos ser capaces de proyectarnos para las nuevas generaciones, para el siglo XXI. Si no los estamos condenando a que anden disfrazados de indígena. Lo indígena no es algo que tú puedas disfrazarlo, no está asociado a lo estético, sino que está asociado a una forma de entender el mundo, entender el lugar en tu espacio geográfico. Algo que los lingüistas aseguran que está vinculado al idioma, yo creo que las manifestaciones culturales, cómo nos vistamos, cómo hacemos la ruca, qué música hacemos, eso va a cambiar. Pero nuestra visión de vida es lo que tenemos que proyectar como cultura. Porque esa manifestación de cultura, esa filosofía de vida, puede estar en un producto cultural moderno. Puede estar en el cine, en un software, en una aplicación de teléfono, puede estar en todo lo contemporáneo. Eso nos va a sacar del ghetto, de la otredad, y de estar en la feria costumbrista en los stand que nos dan. Porque nosotros podemos estar en todo. Me pasaba que en comunicaciones, en periodismo, cuando ves a los indígenas en los medios, tú los ves siempre –bueno, ahora estamos en la crónica policial-, pero antes tú los veías en la parte cultural, en lo exótico. Yo me preguntaba ¿Por qué no estamos en la parte sociedad, en la parte científica, en la parte economía. Siempre nos destinaban a la parte exótica del diario. Cuando creamos el diario mapuche en Temuco, nosotros nos pusimos el desafío de que tenemos que estar en todas las páginas del diario.

 

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