El momento «Chokita» y la reflexión sobre el racismo: La línea de lo humano y lo no humano.

En la siguiente columna, el sociólogo Octavio Echeverría nos plantea las reflexiones en torno al racismo. Justo en un contexto donde el proceso de trabajo de la Convención Constituyente se ha visto mancillado por episodios de racismo contra la delegada constituyente Francisca Linconao y donde el cambio de un producto revela más cosas de la que aparenta entre tanto meme. «La lucha contra el racismo contempla no solo la lucha contra las estructuras, discursos y prácticas más visibles, sino que también la lucha contra todo aquello que se constituye desde la falsa empatía», nos dice el autor de la columna. 

“Tere Mari Mari Novic” (chiste en línea)

Octavio Echeverria Alfaro

Nadie es inmune a los prejuicios raciales coloniales heredados en nuestra sociedad, pues si bien no nacemos racistas, sí nacemos y vivimos en un mundo racista. Pero el racismo es más que un desprecio constante a la piel de lo indio y lo negro y no reside solamente en quien comete explícitamente acciones de odio y rechazo étnico-racial. El racismo en palabras de Frantz Fannon (2010) es mucho más amplio que la definición habitualmente entendida por instituciones y difundida por diccionarios. Para Fannon el racismo es un sistema de jerarquía global de superioridad e inferioridad que define la línea de lo humano y lo no humano, la que ha sido políticamente producida y reproducida como estructura de dominación por siglos. Las personas que están arriba de la línea de lo humano son reconocidas en su humanidad, derechos y dignidad, por el contrario, las personas por debajo de la línea de lo humano no son reconocidas en su humanidad (sub-humanidad o no humanos) siendo su identidad, derechos y dignidad cuestionados y negados. La racialización ocurre como la marca de los cuerpos, y es más amplia que solo el color de la piel, envuelve religión, lengua, conocimiento, arte, cultura, etc… Dependiendo de las diversas historias y territorios la línea de lo humano puede considerar diferentes categorías raciales. A su vez, para sostener tamaño proyecto político por siglos son necesarias instituciones, estructuras y organizaciones para que la racialización se transforme y tenga influencia decisiva sobre el mundo social produciendo y distinguiendo individuos/as racializados.

En nuestro país la racialización fluctúa entre el yo negado y el yo aspirado. El yo negado es el nosotros/as común, moreno, indígena, bajo, latino, pobre, etc., mientras el yo aspirado es quienes queremos ser, es a quienes miramos al espejo cuando nos miramos a nosotros/as mismos/as, blanco, casi desarrollado, jaguar latinoamericano, ingles antes que cholo. La América profunda, pobre, indígena y negra, con sus rasgos de negación y que habita en todos nuestros países, nos revienta en la cara nuestra mentira imaginada de blancura y civilización. Imaginario con el cual se construye el fervoroso discurso, sobre pasado y presente nacional. “En términos generales lo “blanco” es referencia nacional versus lo “negro”, que produce la construcción estereotipada del inmigrante como un imaginario de la herencia colonial y de la diferencia dada en la constitución del Estado-nación, que buscó el progreso europeo excluyendo al “indio” y al “negro” para construir un sí mismo blanco” (Tijoux, M., 2014).

El racismo plantea un “otro” no solo diferente, sino contrario, enemigo y peligroso. Bárbaros y salvajes que amenazan con violencia a las fronteras de nuestro ser y ethos moderno, constituido por la identidad nacional, el progreso y la democracia. Aquello funda una serie de mitos racistas sobre problemas sociales que actúan como producción y masificación de la relación entre ignorancia, desconfianza, temor, rechazo y castigo. Asociando principalmente a grupos racializados con delincuencia, tráfico de drogas, pérdida de empleos, reducción de salarios, privilegios sociales, pobreza, prostitución, violencia, terrorismo, etc. Problemas sociales que afectan principalmente a la clase trabajadora, las capas medias precarizadas y los grupos más vulnerados de la sociedad chilena. Así se arraigan con fuerza los discursos racistas en las clases sociales medias y bajas, que ven en los grupos racializados las causas de algunas de sus más grandes dilemas materiales. Al final del día la mitología racista exculpa a las estructuras de dominación y a quienes las sostienen, la elite económica, política y judicial, de los grandes problemas de nuestra desigual sociedad.

La lucha contra el racismo contempla no solo la lucha contra las estructuras, discursos y prácticas más visibles, sino que también la lucha contra todo aquello que se constituye desde la falsa empatía. Al racismo histórico, hoy el capitalismo global le cambia la cara, políticamente cada vez es menos aceptado el racismo abierto, por lo cual se le reconfigura discursivamente, pero manteniendo la jerarquía global de lo humano y lo no humano, como un racismo encubierto en el discurso inclusivo y multiculturalista. Actualmente el capitalismo global trasciende las fronteras nacionales con un discurso cosmopolita y multiculturalista de aceptación de la diversidad y de respeto de las identidades, pero igualmente menosprecia y universaliza a la otredad en el mercado. la aceptación del otro como postal folklórica, como gastronomía o moda étnica. “El multiculturalismo es una forma de racismo negada, invertida, autorreferencial, un ‘racismo con distancia’: ‘respeta’ la identidad del Otro, concibiendo a éste como una comunidad ‘auténtica’ cerrada, hacia la cual él, el multiculturalista, mantiene una distancia que se hace posible gracias a su posición universal privilegiada” (Žižek, S., 1998).

Por último, y como mínimo para un nuevo Chile que desde la intolerancia radical al racismo se piense diverso y democrático. Establecer que no sirven falsas posturas de dialogo sin reconocimiento, igualdad y verdad, tampoco las amparadas en la tolerancia y respeto, pero bajo la distancia inferiorizante de quien se plantea desde un nicho histórico preferente. Contra el racismo abierto e histórico de Tere Marinovic y contra el racismo encubierto e inclusivo de Nestlé y Chokita. La situación actual ad portad de una nueva constitución nos otorga, como oportunidad, necesidad y obligación, la posibilidad de (re)pensarnos a nosotros/as mismos/as como individuos/as y sociedad. Dimos el primer paso, el Chile despertó, pero debemos ir más allá de abrir los ojos antes las injusticias y abusos, debemos empezar a ver las ausencias de siglos y hacerlas presentes. Despertar en este caso es sentir y pensar al otro/a negado/a, encontrarnos en el dolor y en nuestras marcas conjuntas. Despertar significa estremecerse y abrazar con empatía, dejar de habitar la cobardía, y encontrar allí nuestra cara y piel verdadera. Despertar y no volver a dormirse significa reconocer y transformar las estructuras de producción material y simbólica del racismo y los cuerpos racializados: la ley, el mercado, el trabajo, la sexualidad y el territorio.

Bibliografía.

  • Fanon, F. (2010). Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal.
  • Tijoux, M. (2014). El Otro inmigrante “negro” y el Nosotros chileno. Un lazo cotidiano pleno de significaciones. Boletín Onteaiken N°17. pp. 1 – 15. Disponible en: http://onteaiken.com.ar/ver/boletin17/art-tijoux.pdf
  • Žižek, S. (1998). Multiculturalismo, o la lógica cultural del capitalismo multinacional. En: Fredric Jameson y Slavoj Žižek (Ed.), Estudios Culturales: reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires: Paidós Estado y Sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

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