Un adiós a Juana Oviedo, la Tía Juanita de Puerto Viejo

Por Gabriel Ocaranza / foto destacada «Desierto No Cierto»

En Puerto Viejo residen y han muerto los corazones más bondadosos que he llegado a ver en mi vida. Atravesando el desierto y bajando por un camino polvoriento y precario se vislumbra la entrada a un caserío enclavado en la toma más grande del país. Es algo así como el epicentro del caos en donde el rigor urbano es ajeno al arte de habitar sin planos ni arquitectura, sin idea de qué es lo que significa un proyecto inmobiliario.

Uno de esos corazones se llama Juana Oviedo y ha fallecido el día de ayer.

La mami Juana o la tía Juanita, una mujer con una expresión dulce, dulce y presente en medio de un árido paisaje… pero árido, en ningún caso, significa infértil.

De esta forma, la Juana aparece en medio del desierto venida del sur; otras caletas y otros pescadores ya la conocían, otras manos ya había tomado con sus propias manos para brindar sus afectos, sus caricias y sus pescados fritos para saciar el hambre de otros que ella tanto conoció en busca de un buen puerto.

Y Puerto Viejo se llamó y la Juana lo habitó.

Pero esta Juana es nuestra.

Sus palabras nos pertenecen. Su casa nos pertenece pues nunca restringió el abordaje a un paraje de ensueño construido con escombros de otras civilizaciones que la mar trajo hasta sus pies y que ella supo emplear para establecer un hogar frente a la costa.

Un hogar propio, un hogar digno.

A esta dignidad quiero referirme para recordar a la tía Juanita, a una dignidad reivindicativa de la pobreza material, de los males que tanto aquejan a la urbe. Juana Oviedo sabía perfectamente qué es lo que dignidad significa: Un techo y un plato de comida para todos, palabras y conversaciones gratuitas, sin precio ni privilegio.

Es esta Juana Oviedo la que conozco, con quien tuve la oportunidad de estrechar palabras y sé que podría todo esto sonar como si estuviese hablando de un personaje de ficción y no de una persona con sus gestos, expresiones y presencia pero me es inevitable acceder a este relato póstumo sin caer en los juegos de la memoria que hoy se colectiviza bajo la figura de una mujer que como parte de un relato, fue y será recordada como una prócer de la República Autónoma de Puerto Viejo y las playas que le rodean.

En algún lugar del puerto te hallarás coronándote como la Reina de todas esas playas nortinas, todas estas caletas en donde el aceite suena crepitante y tú sueñas con que algún día todos tus pescadores tengan donde caer al término de la noche. Noche que te cobija hoy.

Lee también: Pedro Lemebel y Juanita de Puerto Viejo http://bit.ly/2dPC149

14694651_10210992434226938_1338164102_n

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *